Villamana (Huesca)


Si exceptuamos la casona de San Martín, Villamana es el núcleo más pequeño de los que conformaban La Solana.
Dos viviendas (Manuel y Salvador) componían este barrio de Campol situado a 815 metros de altitud sobre un promontorio.
Contaron con luz eléctrica desde 1928 proveniente del molino de Jánovas.
Para consumo de agua se abastecían de una fuente situada a diez minutos del pueblo.
Pasaba una acequia junto a las casas que venía del barranco Espuña y era utilizada para regar los huertos y beber los animales.
Para lavar la ropa les tocaba a las mujeres desplazarse hasta el barranco Mallata o la fuente Las Guargas.
El trigo era su principal fuente de producción en el terreno agrícola. Grano que se llevaba a moler al molino de Jánovas o a la Harinera de Boltaña.
En el apartado de la ganadería era la oveja el animal que predominaba. Pequeños rebaños poseían las dos casas (alrededor de cincuenta los de Salvador y sobre ochenta los de Manuel).
Los corderos se vendían a los carniceros de Boltaña que venían periódicamente a comprarlos.
Se mataban dos cerdos al año en cada casa y también un par de cabras para cecina.
Perdices y conejos se cazaban en cantidades abundantes.

"Bien contenta se ponía mi madre cuando llevábamos algo de caza para así poder variar un poco las comidas". ÁNGEL MELIZ.


Pese a tener iglesia, las gentes de Villamana subían a la de Campol para las misas dominicales, bautizos o bodas.
A Campol les tocaba acudir los niños a la escuela, casi una hora de trayecto diario.

"Unos cuatro o cinco niños coincidíamos entre las dos casas para ir a la escuela de Campol. Allí llegábamos a ser una veintena o algo así, puesto que también acudían los de San Felices y San Martín.
Nosotros comíamos en casa Ezquerra de Campol que eran familia nuestra. Mi madre les mandaba cada cierto tiempo comida para que nos la fueran suministrando.
En invierno era muy duro llegar a la escuela, había dos palmos de nieve e íbamos mal vestidos y mal calzados, con albarcas de goma". ÁNGEL MELIZ.


El médico venía desde Fiscal o desde Boltaña según los años. Había que ir a buscarlo con una caballería. Alguno tenía moto y llegaba hasta el puente Las Guargas donde le esperaba algún familiar del enfermo con una caballería para subir a Villamana.
El cartero, Agustín de Andrés subía desde Lavelilla cada dos días. Además de Villamana llevaba Puyuelo, San Martín, San Felices, Campol y Yeba ya en el valle Vió.
El herrero, Miguel venía desde el mesón de Eusebio, solitaria vivienda en el camino de Jánovas a Boltaña.
Había barbero en Campol, en casa Sánchez (Anselmo).

"Cuando éramos niños nos cortaban el pelo nuestros padres pero ya cuando eras mozo y querías arreglarte para ir de fiesta ibas a Campol o bien a la peluquería del Carpi en Boltaña". ÁNGEL MELIZ.

Para realizar compras iban a Lacort, pueblo donde estaban situados los comercios de los que se abastecían la mayoría de pueblos de La Solana.
Algún vendedor ambulante se dejaba ver por Villamana como era uno que iba vendiendo hilos y agujas que venía desde Boltaña.
También los alfareros de Naval aparecían una vez al año ofreciendo su mercancía (botijos, ollas, cazuelas, etc).
A Mondot, Arcusa o Bespén se desplazaban con caballerías a comprar vino, el cual lo transportaban en botos.

La fiesta de Villamana era el 25 de julio (Santiago). Tenía una duración de dos días.
No había misa, solo comida y baile. Baile que empezaba a las cinco de la tarde hasta la hora de cenar y luego la segunda sesión hasta las cuatro de la mañana.
En la era de casa Manuel se solía realizar el baile, alguna vez también en la de Salvador. Un acordeonista de Boltaña venía algunas veces a tocar y en otras ocasiones eran dos músicos que venían de Javierre (violín) y Borrastre (guitarra).
Acudía la juventud de Campol, San Felices, Puyuelo, Lavelilla, Lacort, Giral, Ginuábel...

"Se mataba un par de corderos para dar abasto a todos los presentes, puesto que en cada casa nos juntábamos entre veinte y veinticinco personas a comer y a cenar. Nadie se quedaba sin probar bocado. Se contrataba a una mujer de otro pueblo para que ayudara en las tareas de la cocina.
A las cuatro de la madrugada que terminaba el baile unos se volvían para su pueblo y otros se quedaban a dormir en las casas, para lo cual dormían hasta tres en una cama, se ponían colchones en el suelo o se habilitaba algún pajar".
ÁNGEL MELIZ.


En Campol y sus barrios (Villamana, San Felices, Puyuelo y San Martín) se acostumbraba a hacer baile los domingos entre la juventud de dichos pueblos.

"Comprábamos diez litros de vino en Lacort para hacer ponche. Jugábamos al guiñote, al siete y medio o al subastado.
Para la música le pagábamos diez pesetas a Miguel de casa Sánchez para que tocara el acordeón.
Hasta diez parejas bailaban a la vez en algunas ocasiones. El baile casi siempre se hacía en la escuela de Campol, pero a veces en la casa de San Martín que tenía un salón amplio o también en el salón de casa Manuel de Villamana".
ÁNGEL MELIZ.


Cuando muchas casas de La Solana ya se habían cerrado en los años 50 y primeros de los 60, la vida seguía monótonamente en Villamana aún cuando la sombra de la expropiación ya planeaba por toda la zona.

"Antes de marcharnos yo ganaba buen dinero porque me dedicaba a pintar las casas y a blanquear con cal todas las paredes. Iba a todos los pueblos de Solana, a los de valle Vió, Yeba, Ceresuela, Albella, Ligüerre, Jánovas... Ganaba cien pesetas diarias. Pero ya no había futuro, los pueblos se estaban quedando vacíos".
ÁNGEL MELIZ.


El pueblo se vendió de manera más o menos voluntaria (como todos los de Solana) a Patrimonio Forestal del Estado para la repoblación de pinos en toda la zona.
1964 es la fecha que pasará a la historia en Villamana debido a que en ese año se cerraron las dos casas.
Los de casa Manuel se fueron a San Lorenzo del Flumen (pueblo de colonización) y los de casa Salvador a Barcelona.

"Antes nos tenían que haber sacado de aquí. La vida en Solana era muy dura, tierras poco productivas, inviernos muy severos, caminos de caballería, el médico bien lejos...". ÁNGEL MELIZ.


Agradecimiento a mi amigo Ángel Meliz de casa Salvador. Excelente y afable informante. A sus 85 años recuerda el pasado de Villamana con nostalgia pero con amargura.

Visitas realizadas en noviembre de 2016 y noviembre de 2017.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Punto y aparte. Minúscula pero interesantísima aldea sobrarbense. Muchos detalles de interés los que encierra su caserío. Desde el precioso camino de entrada, pasando por la belleza de casa Manuel, las ruinas de su iglesia, la herrería, el aljibe o ese edificio de características inigualables que es el pajar/secadero de casa Manuel.
Villamana está invadido por los pinos de repoblación. Mejor dicho está dentro de un espeso pinar. No se ve hasta que no estás casi encima. Tal es el nivel de envolvimiento que realizan los árboles sobre la población que no se ve desde ninguno de los pueblos colindantes pese a estar situado sobre una loma. Así como desde Villamana tampoco se ve ninguno de los pueblos de alrededor ni tampoco se ve el valle del Ara. Valle que si se divisaría de forma esplendida desde este mirador cuando la zona estuviera despejada de vegetación. Ahora solo pinos es lo que se ve para cualquier lado que mires.
Por esa razón no es fácil encontrar Villamana si no llevas buenas referencias.
A la entrada del pueblo se encuentra la era de casa Salvador con su correspondiente borda, la cual sirvió hasta hace poco de alojamiento a neo rurales. La iglesia es lo siguiente en aparecer, muy llamativo el ábside. Ha perdido una de las paredes laterales. Sencilla y pequeña, la mesa del altar mayor por el suelo. Ningún elemento arquitectónico más de interés en su interior. Piedras caídas, tierra que se va apelmazando, púas de pinos... todo va haciendo que el nivel del suelo se vaya elevando.
Me dirijo a las viviendas, la de Salvador más cercana a la iglesia. Esta caído todo el frontal de la fachada donde estaba la puerta. Tiene su pajar adyacente haciendo escuadra con la vivienda. Entre las dos casas hay otras pequeñas edificaciones que no acierto a distinguir por su mal estado y por estar devoradas por la maleza.
Voy a ver casa Manuel y me encuentro con un rincón en umbría de gran belleza, una pequeña calle conformada por los edificios auxiliares que terminan en la vivienda. Bonita al exterior, sobria. La vegetación tapona la puerta de entrada. Por una calleja salgo a la era de la vivienda y puedo contemplar de frente el edificio más llamativo de Villamana: la cuadra/yerbero de casa Manuel. Espectacular. Lástima que hace pocos años perdió su tejado y entre esto y la envolvente maleza que rodea el edificio no se puede apreciar la enorme belleza que rezuma su fachada. A las fotos que hay de años anteriores circulando por la red o en algunos libros me remito para poder contemplar cómo era éste edificio.
Me queda por ver la fuente. Me habían indicado como llegar pero una cosa es la explicación teórica y otra ponerla luego a la práctica sobre un terreno eclipsado de pinos y donde seguramente el camino que llevaría hasta allí ya no existirá.
No doy con ella, así que desisto, algunos neo rurales no la encontraron tampoco, me comentaran luego.
Vuelvo sobre mis pasos, contemplo otra vez el precioso edificio "estrella" de Villamana, entro por la calle de Manuel y salgo por el camino que una hora y cuarto antes había hecho de entrada.
Me gustó Villamana como también me encanta su nombre.



Camino de Villamana.




Entrando a Villamana. El ábside de la iglesia lo primero que se ve. Al fondo casa Salvador.




La iglesia románica de San Pedro.

"Yo siempre la conocí cerrada. No recuerdo que se oficiara acto religioso alguno. Ni siquiera se hacía misa en la fiesta mayor". ÁNGEL MELIZ.





Portada en arco apuntado de acceso al templo. Crismón trinitario de seis brazos en el tímpano. Una brecha en oblicuo sobre éste elemento arquitectónico augura un futuro incierto a corto plazo.




Interior del templo. Ábside. Ventana aspillerada de iluminación sobre el altar mayor. En la pared estaba pintado un pantocrátor (imagen de Cristo en majestad). Fueron arrancadas en 1974 y llevadas al museo diocesano de Barbastro.




Interior del templo. Puerta de acceso.  Espadaña y por debajo ventanuco de iluminación.




La iglesia vista por su lado norte. Se cayó la fachada por éste costado.




Casa Salvador. Se cayó toda la fachada delantera. La habitó el matrimonio formado por Ángel Meliz y María Pérez. Tuvieron cinco hijos (solo uno de ellos vivía con los padres en el momento de cerrar la casa, los demás ya habían marchado anteriormente).




Trasera de casa Salvador. Todavía visibles las ventanas correspondientes a dos de las tres habitaciones que tenía la vivienda.




La calle entra en los dominios de casa Manuel. La entrada al horno a la derecha y la puerta del corral a la izquierda. Al fondo queda la vivienda.




Casa Manuel. La puerta "tapiada" por la vegetación. La habitaba Pilar Meliz como heredera que estaba casada con José Lardies, natural de Planillo. Tuvieron tres hijos. Vivían también en la casa los abuelos. Ellos eran Julia Castillo, natural de Buerba que había estado casada en primeras nupcias con Demetrio Meliz (el heredero). Tras el fallecimiento de éste a la temprana edad de treinta y seis años, Julia se casó de segundas con Vicente, natural de Morillo de Sampietro. 




Otra imagen de casa Manuel.




Fachada oeste de casa Manuel. Vanos en las cuatro plantas que intentan guardar la linea vertical. La grieta va buscando el lado más débil de la fachada (las ventanas) y no hace presagiar nada bueno para la vivienda.




Otro rincón pintoresco de Villamana. A la izquierda edificio compartido: la herrería (abajo) y el horno  de casa Manuel (arriba). A la derecha aljibe cubierto que se llenaba con agua de lluvia y abrevadero para las caballerías.



Yerbero y era de trilla de casa Manuel. La planta baja la utilizaban para guardar las ovejas y la planta de arriba para guardar forraje, también como secadero y una parte destinada a conejar. Cuatro vanos en arco de medio punto de excelente factura en la planta superior. Extraordinaria belleza. La fotografía no le hace justicia.

"De Barbastro para arriba no había otro edificio dedicado a pajar tan bonito como este". ÁNGEL MELIZ.





La torreta del transformador de la luz.

"Había temporadas que solo teníamos luz por la noche, puesto que por el día se usaba el agua del molino (Jánovas) para moler". ÁNGEL MELIZ.

Montlleó (Lleida)


Conocido popularmente entre las gentes de la comarca como Mulió, se asienta esta población recostada sobre una colina en cuya cima había un castillo del cual nada queda.
Cal Joanet, cal Graells, cal Pont, cal Riera, cal Moliner, cal Melgosa, cal Panar, cal Mastret y la rectoría eran las nueve viviendas  que componían el núcleo de Montlleó en la comarca de la Segarra, aunque en tiempos anteriores fueron unas cuantas más.
Algunas casas tenían rebaños de ovejas pero la dedicación principal era la agricultura, aunque hay que decir que no tenían muchas tierras cultivables. Trigo, cebada, centeno, patatas y viñas era lo que más sembraban.
En las casas tenían bodegas y ellos mismos elaboraban el vino, siempre para consumo propio, aunque algunas veces lo llevaban a vender a los mercados de Sant Guim o al de Cervera.
No hubo nunca luz eléctrica en el pueblo, aunque dos casas si la tenían de modo muy precario gracias a un molino generador de electricidad que poseían. Tampoco había agua corriente. El agua para consumo tenían que ir a buscarlo a la font de la Mare de Déu, situada a quince minutos del pueblo.
Hasta esta fuente iban en procesión desde la iglesia en tiempos de sequía para pedir que lloviera.
Casi todas las casas tenían aljibes que se llenaban con agua de lluvia. Utilizaban este agua para beber, solamente el que recogían en invierno.
Hasta la guerra civil había un horno comunal en el cual hacían el pan. Después dejó de utilizarse y bajaban a Sant Antolí a comprarlo.

Alrededor de una quincena de niños bajaban en los años 40 a la escuela de Sant Antolí para lo cual tardaban cuarenta y cinco minutos de bajada y algo más a la vuelta que era de subida, sobre una hora.
Se llevaban una tartera y comían en la casa de algún familiar.
De Sant Antolí subía el médico cuando la situación era muy grave, sino era el enfermo el que tenía que hacer el camino a la inversa.
Para hacer compras iban regularmente al mercado de Sant Guim de Freixanet y ocasiones se desplazaban a la capital comarcal: Cervera. Solían comprar bacalao, sardinas y congrios y aprovechaban para vender huevos, conejos o gallinas.
Celebraban la festa major el 8 de septiembre en honor a la Nativitat de la Mare de Déu.
Como curiosidad a los niños cuando se les quería asustar les decían que vendría el barón Aimeric a llevárselos (la familia Aimeric fueron los amos de estos territorios en el siglo XVI).

Sin luz, sin agua y con unos caminos intrincados y muy precarios el futuro de Montlleó estaba echado. Las gentes fueron emigrando en busca de mejores condiciones de vida. Unos se quedaron en Sant Antolí, otros lo hicieron en Cervera, y los demás se marcharon a Lleida o Barcelona.
Los de cal Melgosa fueron los últimos en marchar de Montlleó, lo hicieron en 1958.
Cuando hacía más de treinta años que no vivía nadie en el pueblo llegó la electricidad (1992).
Desde hace unos años hay una familia viviendo en cal Mastret procedentes de Cervera.
Actualmente forma parte del municipio de Ribera d´Ondara.

Fuentes de información:
-Página web; Tribus de la Segarra. Els escrits de la Montse Rumbau "Montlleó: enmig de les pedres, el record del passat"
-Revista Ond´ara.
-Conversación con un vecino de Montpalau.


Visita realizada en julio de 2017.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Punto y aparte. Mediodía veraniego con un sol abrasador cuando llego a esta elevada población de la Segarra. No hace falta entrar al pueblo para ver ya antes de llegar el estado de ruina absoluta en que se encuentra Montlleó. Como si hubiera habido un bombardeo las viviendas están en el suelo, piedras, vigas, maleza, todo se junta para dar la imagen de un lugar ya irrecuperable. Ni la imaginación puede trabajar para recomponer mentalmente como sería este apiñado caserío, posiblemente bastante atractivo dada su fisonomía en pendiente sobre el terreno.
Son muchos años de abandono, de aguantar las incidencias atmosféricas y seguramente el expolio que también dejaría su huella por aquí. Pero hay un edificio que sobresale, se lleva todo el protagonismo, se come el escenario: la preciosa iglesia, con su altiva torre-campanario. Contrasta el buen estado del templo con el de las casas. Cruzo junto a la iglesia por la única calle que se puede pasar hasta la otra parte del pueblo y aquí el panorama no es tan desolador, un edificio destinado a refugio de cazadores además de la vivienda que ha vuelto a ser habitada  hace que Montlleó por este otro lado tenga otra imagen. Pero no hay signos de presencia humana.
Un perro de buen tamaño dormita a la sombra, no advierte de mi presencia. Me alejo un poco para ver una vista panorámica del pueblo. Al cabo de unos minutos vuelvo otra vez hacía las casas, el perro no se inmuta. Mejor, porque sino con sus ladridos rompería el sepulcral silencio que aquí se da.
Contorneo la iglesia, bonita es por todos los lados. Esta cuidada. Me sitúo otra vez junto a las viviendas que hay por encima. Todo ruinas. Ya no hay calles, ni fachadas, ni rincones, nada. Por un sendero casi inexistente junto a la última casa trepo hasta lo alto de la colina, donde seguramente estaría el castillo. Ahora lo que hay es un vértice geodésico. El pueblo a mis pies. Las vistas desde allí son primorosas. Pomar, Sant Antolí, Hostalets, Rubinat... y Cervera. Todos ellos se ven desde las alturas de Montlleó. Sin olvidar la nacional II que pasa a un par de kilómetros. El trasiego de vehículos es constante como no podía ser menos en una carretera tan importante. Igual que yo los veo pasar, ellos con girar un poco la cabeza podrán ver un despoblado en lo alto de una colina, ¿cuántos perderán unos segundos en hacerlo?
Me bajo hacía la iglesia. Me siento unos minutos en el poyo que hay junto a la iglesia. La visita a este pintoresco lugar de Montlleó toca a su fin. Camino de vuelta a Briançó. El calor aprieta. Y es que son casi las tres de la tarde.




Llegando a Montlleó por el camino de Briançó.




Llegando por el camino de La Rabassa.




Santa María de Montlleó.  Románica del siglo XI. Dos puertas de acceso. Tenía tres pequeños ábsides semicirculares, en la actualidad solo quedan dos. La talla de madera de la Mare de Déu fue quemada durante la guerra civil.




La iglesia por su lado sur. Contrafuertes para reforzar la fachada. Muro perimetral contorneando el templo. El cementerio en el lado este.




Portada principal de acceso al templo. Herrajes de forja. Buen trabajo de herrero. Puerta de madera de doble hoja tachonada con clavos de cabeza de diamante.




Campanario. De prisma octogonal pero sin ser todos los lados del mismo tamaño. Cuatro vanos. Tenía dos campanas, una de ellas de buen volumen. En la pasada guerra civil las tiraron abajo y cuentan que el estruendo se oyó en Pomar y en Sant Antolí e incluso dicen que se sintió hasta en Cervera.




El pueblo visto desde el lugar donde estaba situado el castillo.




Calle de Montlleó. Fachada norte de la iglesia.




Ruina generalizada de lo que fueron las viviendas de Montlleó.




Alguna vivienda todavía mantiene en pie su puerta como seña de identidad. Las vigas y las piedras caídas en su interior hacen presión sobre la fachada por lo que será cuestión de poco tiempo que ésta se venga abajo.




Curiosamente en un costado del pueblo hay todavía una vivienda que pese a no tener tejado conserva aún la pared exterior en su altura e incluso el balcón de la parte alta.




Al otro costado del pueblo otra vivienda conserva la fachada oeste, el resto ya se ha caído.




Llama la atención esta portada de buena altura que el efecto óptico pudiera hacer creer que es de acceso al recinto religioso, pero no, seguramente sería para acceder a algún corral o patio de vivienda del cual nada queda.




Aspecto parcial de algunos edificios.




Otra imagen más del estado actual de la mayoría de edificios de Montlleó. ¿Como serían sesenta años atrás?