Sasé (Huesca)



En la ladera derecha del barranco de Santiago, el cual tiene su origen en las estribaciones de la sierra Coronas se sitúa el precioso pueblo de Sasé. En la parte más occidental de La Solana y mirando al sol naciente, veintidós casas en sus años de máximo esplendor dieron forma a esta población, aunque solo once de ellas llegaron habitadas a la última etapa de vida poblacional.
Casas de buena factura, excelentes ejemplos de la arquitectura rural pirenaica, dotadas de un cierto aire señorial como dan fe las preciosas portaladas, ventanas, balcones, escudos y chimeneas que dieron empaque a esta población.
La vida a pesar de ello fue dura en Sasé, como ocurría en multitud de pueblos de Sobrarbe, adonde no llegó nunca una pista accesible para vehículos, ni tampoco maquinaría agrícola para haber facilitado un poco las tareas del campo. Tierras ocupadas en su inmensa mayoría por zona de pasto y en menor medida para secano, quedando unas pocas fincas de regadío junto al río.
Como mayor adelanto en Sasé se puede citar la luz eléctrica, la cual llegó en 1927 proveniente de Fiscal. En los primeros años solo contaban con ella por la noche, más tarde se cambió el recorrido de la instalación (por Arresa) y ya pudieron disfrutar de una iluminación de más calidad.
Cada casa tenía su horno (normalmente en la planta baja). Se solía amasar y cocer el pan cada quince o veinte días.

Trigo, cebada, patatas y judías conformaban la base de su producción agrícola mientras que la oveja era el animal referente en la ganadería.
Llevaban a moler el grano al molino de Fiscal.
Bajaban al comercio de Fiscal principalmente a realizar compras, también acudían a los de Javierre y Lacort. Azúcar, sal, aceite, pescado entre otros productos son de los que se abastecían en los comercios ribereños.
Se pagaba en dinero o bien se hacía uso del trueque o intercambio. Quesos, huevos, pollos, patatas a cambio de productos de primera necesidad que no había en el pueblo.
En ocasiones se desplazaban a pueblos del Somontano como era el caso de Buera para abastecerse de vino. Si no se desplazaban lo encargaban a un comercio que había en el desvío de Ligüerre.
Tratantes de Boltaña y Ainsa subían por allí para comprar corderos.
Vendedores ambulantes como los arrieros de Naval aparecían por allí una vez al año para vender su mercancía: pucheros, botijos, cantaros, cazuelas.
De Alquézar venía otro vendiendo jabón.
De Guaso, Labuerda, Escalona, Boltaña llegaban otros vendedores que ofrecían un poco de todo: naranjas, uvas, pescado, pañuelos, hilo, agujas, etc.
Con ellos también se hacía uso del intercambio y se llevaban huevos, quesos, pieles de animales, etc.

El cura venía por regla general una vez al mes a oficiar misa dominical. Era mosén Miguel, vivía en Javierre de Ara.
Era nacido en Sasé, en casa Chusé. Se subía el sábado por la tarde y pernoctaba en la casa. Al día siguiente daba comienzo su particular maratón: Oficiaba misa en Sasé por la mañana temprano, a continuación se desplazaba a Muro de Solana donde daba una segunda misa, para trasladarse acto seguido a Ginuábel donde realizaba la tercera misa de la mañana, en este pueblo se quedaba a comer en casa Clemente para después continuar hasta Tricás donde finalizaba su periplo dominical. Finalizada la ceremonia religiosa en este último pueblo volvía hasta Javierre.
Siempre hacía todo el trayecto andando (alrededor de 15 km).
El médico residía en Fiscal. Había que bajar a buscarle con una caballería.
Durante unos años era algún vecino que bajara a Fiscal el encargado de llevar o traer la correspondencia. Después se encargaba de ello el cartero de Asín de Broto. Iba a Fiscal a llevar o traer la correspondencia y al paso por Sasé repartía la que hubiera para los vecinos. Hacía el recorrido Fiscal- Sasé- Asín siempre andando.
De Santa Olaria subía el herrero (José) para realizar cualquier apaño que se le requiriera en la herrería.

La fiesta grande de Sasé era el 12 de octubre (El Pilar).
Duraba tres días. La víspera (día 11) se hacía el pan y los postres, normalmente brazo de gitano con mermelada o chocolate y bizcocho. Por la noche se hacía una ronda con los músicos como anuncio de la fiesta.
El día 12 era el día grande. Se hacía misa y el abandeo de las campanas. Una ronda con los músicos casa por casa donde se obsequiaba a la comitiva con vino rancio o moscatel y torta. A la vez algunos mozos iban pidiendo por las casas comida para la lifara (merienda especial que se hacía entre los jóvenes el último día de la fiesta). Les ofrecen huevos, longaniza, jamón, bizcochos, etc.
Otros mozos se encargan de vender números para la rifa (un cordero).
A la hora de la comida se solía matar una oveja vieja o un cordero para agasajar a los invitados.
Los forasteros se repartían por las casas, nadie se quedaba sin comer, lo mismo sucedía a la hora de dormir.
Por la tarde daba comienzo el baile. Si el tiempo acompañaba se hacía en la calle, en la placeta de la iglesia. Si hacía mal tiempo en la escuela. Después de cenar se realizaba una segunda sesión de baile, siempre en el interior de la escuela.
Durante años vinieron los Solano del pueblo de Tierrantona (padre e hijo, con guitarra y violín) para amenizar los bailes.
En algunas ocasiones fue la Orquesta Perlas Blancas del pueblo de Labuerda (trompeta, saxofón, acordeón, batería y cantante) la que hizo bailar a los presentes.
Venía gente de toda la Solana (Muro, Ginuábel, Burgasé, Cajol, Giral), de Fiscal, de Arresa, Borrastre, de Yeba y algunos pueblos del valle Vió.
Como curiosidad tenían mucho auge las carreras pedestres, llamadas carreras de pollos porque ese era el premio que se llevaba el vencedor. En la era de Vallés se ponía un poste de meta y los participantes hacían una carrera por algún camino establecido por el monte.

"A las fiestas de Sasé acudía casi todos los años, tenía parientes en casa Fuertes. Un año gané la carrera campo a través. Aquí había una chica que me gustaba y con la que trataba de bailar pero siempre me la quitaban".
LUIS BUISÁN, de Ginuábel.


La fiesta pequeña era para San Juan (el 24 de junio).
Iban en romería a la ermita de Santa Marina, en el camino de Fiscal, el 18 de julio.
El 25 de julio subían en romería a la ermita de Santiago, juntamente con los de Cájol.
Ambas romerías se dejaron de realizar después de la guerra.
La juventud de Sasé se juntaba en una casa y hacían baile a nivel local con guitarra y bandurria. En invierno preparaban ponche.

La vida seguía siendo bastante dura en Sasé. Las "modernidades" no llegaban. La tierra se trabajaba en terrazas y bancales, todo se hacía a mano. No había buenas comunicaciones, solo caminos de caballería. El médico se encontraba a hora y media de camino. A ello se le unía el proyecto del pantano de Jánovas y la aparición de Patrimonio Forestal del Estado (más tarde ICONA) con el objetivo de obligar a los vecinos mediante una venta voluntaria/forzosa de todas sus propiedades para repoblar de pinos la zona de monte y así evitar la erosión del terreno producida por el arrastre de piedras, lodo y fango que podrían provocar las lluvias torrenciales hacía la vertiente del proyectado pantano.
Los que no habían emigrado anteriormente, cuando llegó esta expropiación tuvieron que hacerlo puesto que ya no podían sacar el ganado a pastar y se les cortaba su medio de vida.
La gente se fue buscando una mejor calidad de vida y el recurso de la abundancia de trabajo que había aquellos años en las ciudades.

"Nos fuimos a Zaragoza porque el marido de una prima hermana mía le ofreció trabajo a mi esposo".
ROSARIO SANTAFÉ de Casa Chusé.


Entre Zaragoza y Barcelona se repartió la casi totalidad de la población.
Joaquin y Consuelo (eran cuñados) de Casa Chirón, con los hijos de Consuelo, Pilar y Miguel fueron los últimos de Sasé. Hecho que sucedió en los primeros meses de 1965.
A partir de los años 80 el pueblo ha estado habitado de manera intermitente por grupos de neo-rurales. Llegando su número a alcanzar desde las cincuenta personas en aquellos años hasta las tres que hay actualmente (2016).

Visitas realizadas en junio de 1996 y noviembre de 2016.

Agradecimientos:
A Rosario Santafé, Lourdes Pueyo, Montserrat Pueyo de casa Chusé.
Sandra García (descendiente de casa Chusé por parte materna) ¡gracias!
A Edelmiro Buisán de casa Pablo.
A Luis Buisán de casa Salas de Ginuábel.

Otras fuentes de información:
-Libro: "La Solana. Vida cotidiana en un valle altoaragonés" de Carlos Baselga.
-Estudio arquitectónico: "Sasé, arquitectura de un pueblo muerto" de Adolfo Castán.


PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Punto y aparte. El día 26 de junio de 1996 quedé maravillado en mi primera visita a Sasé.
El día 11 de noviembre de 2016 quedé decepcionado en mi segunda visita a Sasé.
Sasé ha pasado de ser uno de los deshabitados más bonitos de toda España a ser un conjunto ruinoso invadido por la vegetación. Triste, muy triste, el estado actual que presenta este otrora bellísimo despoblado de Sobrarbe.
Hay otros pueblos en La Solana que están habitados por nuevos pobladores y se ha hecho un gran trabajo adecentando en la medida de lo posible las calles y los lugares comunes, aquí no. Una selva de zarzas y vegetación silvestre forman el decorado urbano, en especial esa magnífica e inigualable calle de San Juan.
El camino desde Fiscal es precioso, pero exigente y duro a ratos. Empedrado a veces y otras la piedra sin pulir van poniendo a prueba los  pies del caminante. El primer tramo es en constante subida, entre pinos y quejigos el sendero se retuerce y tiene muchas revueltas, tantas que en una casi me doy de bruces con una chica que baja a buen paso con la mochila a cuestas hacía Fiscal. Apenas un hola nos intercambiamos. Más tarde me entero de que es una extranjera que ha estado pasando unos días con uno de los neo-rurales de Sasé.
Las vistas son preciosas según se va ganando altura, la ribera del Ara cada vez se ve más lejana, lo mismo que los pueblos de Fiscal y Borrastre. Más adelante el camino se hace más abierto y a la derecha aparece la silueta de la iglesia de Muro de Solana, al otro lado del barranco. El sendero en algunos tramos debido a la erosión corre serio peligro de desaparecer y hay que dar los pasos con cuidado porque una mala pisada puede hacer que vayas hacía el fondo del barranco.
Cuando el camino es llano aparece al fondo los primeros edificios de Sasé con la torre de la iglesia como si fuera una especie de faro para guiar al caminante. Un perro advierte con sus ladridos de mi entrada en el pueblo. Una persona aparece del interior de su vivienda. Saludos de rigor, pero sin mucho entusiasmo por su parte de mantener una conversación. Me encamino hacía la parte central del pueblo. Allí aparece la herrería, la escuela con su inconfundible color rosa y la torre de la iglesia al fondo. Enseguida veo que no es el mismo Sasé que conociera y disfrutara años atrás. La vegetación es la dueña y señora del lugar. Hay escarcha todavía sobre la hierba en las zonas de umbría, señal de que ha helado por la noche. La mañana es gélida. Caballos, gallinas, gatos, perros dan fe de que hay vida en el pueblo. Además veo a un segundo repoblador a lo lejos a la puerta de un edificio realizando alguna tarea. Prosigo mi caminar. Un tercer neo rural sale de su borda-vivienda justo en el momento en que yo paso por allí. Esta persona tiene ganas de hablar y de acompañarme. Me cuenta detalles de su vida pasada, sus proyectos de futuro y la animadversión que siente hacía la sociedad de consumo. A pesar de sus pensamientos, me agrada su compañía. Lleva la nobleza dibujada en su cara. Me muestra rincones ocultos del pueblo a primera vista a los ojos de un visitante. Observo con gran pesar esa calle principal que me dejó asombrado en mi primera visita. A ella dan un buen número de viviendas del pueblo. La vegetación se ha hecho fuerte y ya no se puede deleitar uno con la vista admirando la belleza arquitectónica de las fachadas que conformaban la calle.
Doy una segunda vuelta al pueblo, ya en solitario, buscando nuevos detalles y rincones que hayan podido pasar inadvertidos pero en algunos tramos la maleza ya impide pasar. 1781 es una fecha que se repite en varios dinteles de las puertas de Sasé.
Después de unas cuatro horas de estancia en el pueblo toca volver para Fiscal porque queda una hora y veinte minutos de caminar y no hay que dejar que la noche se eche encima.
Me voy con una sensación agridulce de Sasé.



Sendero de Fiscal a Sasé.




Sasé en 1996. La casi totalidad de las viviendas mantenían su tejado y su chimenea.




Ubicación de Sasé sobre el terreno. La sierra Coronas que tiene su máxima altitud en el Sueiro le protege de los vientos del norte.




Entrando en Sasé por el camino de Fiscal. La de Chacinto será la primera casa en salir al paso.




La placeta de la herrería. Bonito encuadre el que forman este edificio, la escuela y la torre de la iglesia. Había aquí una cruz de hierro dedicada a Santa Elena. El tejado de la herrería se ha hundido recientemente. En la pared frontal había un buzón de correos para que los vecinos depositaran su correspondencia.




La escuela de Sasé. La planta de arriba era la vivienda de la maestra. La cual no era habitada cuando eran chicas jóvenes las que ejercían, estaban de patrona en alguna casa.
Unos doce niños había en los años 60.
"Me acuerdo de una maestra que era de Mallorca, se llamaba Magdalena Pastor". EDELMIRO BUISÁN.

"Yo me acuerdo de una que era de Murcia, doña Adelaida, estaba con su hija y utilizaba la vivienda de la escuela. La recuerdo porque me pegaba en los dedos por morderme las uñas". MONTSERRAT PUEYO.

"Cada alumno teníamos que llevar un fajo de leña para calentar la escuela y también las pizarras pequeñas para escribir cada uno. Estas se hacían con unas piedras lisas". LOURDES PUEYO.

"Hubo un tiempo que recibíamos la famosa leche en polvo de los americanos. Esos días merendábamos en la escuela". MONTSERRAT PUEYO.




La iglesia parroquial de San Juan Bautista. En años antiguos era conocida como la catedral de La Solana. Tenía adosada a la derecha la abadía, de la cual apenas quedan unos muros.




Interior del templo. Puerta de acceso, pila bautismal y capilla lateral. Al haber servido de establo para las vacas no se puede apreciar la belleza del suelo que estaba formado por cantos de río.




Altar mayor.




Pila bautismal.




Torre- campanario. Tiene cinco vanos para las campanas, dos por este lado y uno en los otros tres restantes. En la guerra se llevaron las campanas dejando solo la de la izquierda para que pudiera tocar el reloj. Campana que se encuentra en la actualidad en la iglesia de Javierre. Solo quedan los yugos que las sujetaban.
Las diversas aspilleras que se aprecian en sus muros dan una idea de su origen defensivo.
Tenía un reloj del siglo XIX del cual solo queda la huella. Tocaba las horas y las medías.




Desde el campanario. La abadía, Chirón, Chusé, Ambrosio, Antonio, Antón Duaso....
¡Duele la vista!




La fuente de O Patro, en la plaza de la iglesia. Se utilizaba para que bebieran las caballerías. No era agua muy buena para consumo. Para ello iban hasta la fuente de "Allá" a unos 300 metros del pueblo. A la izquierda tenía otra arcada similar (ya caída) donde estaba el lavadero.




Casa Vallés (izquierda) y casa Pedro (derecha). Visibles sus chimeneas como señas de identidad, cilíndrica una y tronco-cónica la otra.
Los de Vallés (Mariano y Pilar) emigraron a Barcelona y los de Pedro (Manuel y Ramona) se fueron a Zaragoza.




Fachada trasera de Casa Vallés. De buen volumen y tres plantas en altura. Profusión de vanos orientados al norte, algo no muy habitual.




Casa Pablo. La vegetación impide acercarse a ella. Tenía un patio exterior donde se ubicaban algunas dependencias auxiliares, entre ellas el horno y el pozo. Vivían en ella el matrimonio formado por Pablo y María (originaria de casa Buisán) y sus cuatro hijos, José María, Elvira, Edelmiro e Irene.
La emigración se los llevó a Barbastro.




Casa Antonio, en la calle de San Juan. Bonita portada fechada en 1781. Adintelada, en arco escarzano. Vivía en ella el matrimonio formado por Antonio y María. Los  hijos habían marchado anteriormente para Barcelona. Ciudad a la que emigró posteriormente el matrimonio.




Casa Escuain, en la calle de San Juan. Portada en arco de medio punto con escudete en la clave. De dos plantas. Barcelona fue el destino de los dueños de la casa, el matrimonio formado por Manuel y Alegria, con los dos hijos, Nieves y Antonio. A la derecha casa Antón Duaso.




Calle de San Juan. Casa Ambrosio. Una de las casas nobles de Sasé. Portada en arco de medio punto con fecha de 1690 en la clave. Sobre ella había un escudo heráldico expoliado. Como también lo fue una preciosa ventana geminada en la planta superior. Tenía la borda adosada en su costado izquierdo. Deshabitada desde comienzos del siglo XX, la compraron los de casa Chusé para guardar forraje.




Calle de San Juan. Una sombra de lo que fue. Casa Ambrosio a la izquierda y casa Escuain a la derecha.




Casa El Herrero. La única de la calle de San Juan que tenía patio antecediendo a la vivienda. Portada de factura muy sencilla y fechada también en 1781. Deshabitada desde comienzos de siglo XX, la compraron los de Antón Duaso para cuadras.




Calle de San Juan. Casa Chirón, la última que se cerró en Sasé. De tres plantas, con balcón en la de arriba. Vivían en ella Joaquin y Consuelo que eran cuñados, con los hijos de Consuelo y sobrinos de Joaquin, Pilar y Miguel. Cuando cerraron la puerta de su casa y con ello la presencia humana en Sasé se fueron para Barcelona.




Final de la calle de San Juan, aquí se vuelve más estrecha. Casa Chusé a la izquierda, la penúltima casa que se cerró en Sasé. Frente a ella casa Latorre.




Preciosa portada de casa Chusé. Ejemplo representativo de la belleza que atesoran las fachadas de Sasé. El omnipresente año de 1781 tallado en el dintel.




Foto cedida por Lourdes Pueyo.

Casa Chusé a principios de los 60. Era la casa de mayor volumen de Sasé (744 metros cuadrados). Como curiosidad anotar que era la que mayor número de ventanas tenía (32). Estaba formada por dos bloques en escuadra. Se puede apreciar el alero del tejado sobre ménsulas de piedra. Tenía un bonito patio empedrado con cantos rodados.
Vivía en ella el matrimonio formado por Miguel Pueyo y Rosario Santafé (descendiente de casa Fuertes). Completaban la familia el abuelo Francisco, un hermano soltero de Miguel (Paco) y las dos hijas del matrimonio, Lourdes y Montserrat.
El cierre de la casa aconteció en 1964.
"Lo recuerdo como un día muy triste, iba mirando para atrás con muchísima pena.
Bajamos todo lo que pudimos a Fiscal en caballerías y luego hasta Zaragoza en camiones. Nos llevamos todo lo que pudimos pero otras cosas tuvimos que venderlas.
Hubo mucho expolio en la casa después de que nos fuimos. Se llevaron todo, hasta las losas del suelo". ROSARIO SANTAFÉ.




El estado actual de Casa Chusé es bien diferente.




Casa Fuertes. Vivía en ella el matrimonio formado por Ramón Fuertes y Joaquina Lardiés, además de Carmen, la madre de Ramón. Emigraron a Zaragoza.




Puerta de entrada al patio de Casa Périz. Preciosa vivienda en relativo buen estado de conservación. Vivía en ella el matrimonio formado por José Felices y María. Se marcharon a Monzón.




Casa Périz. Buen tamaño. Balcones en la fachada principal en la segunda y tercera planta. Galería solanera orientada al sol de mediodía.




Preciosa es también casa Périz vista por su lado norte. Una ventana por piso y la esbelta chimenea cilíndrica en buen estado.

11 comentarios :

  1. Hola Faustino,menuda diferencia hay de la foto del año 96 a como está ahora esa bella población que tuvo que ser antaño,precisamente ayer estuve visitando una pequeña masía en la provincia de Castellón (Más de Escrig)que también está prácticamente arruinada e invadida por la vegetación,una pena porque a tenór de lo que queda,tuvo que ser también bonita,una pena que acaben así,un abrazo

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    1. Hola Roberto.
      Pues si el implacable paso del tiempo no perdona y más aún en estos lugares.
      Sin lugar a dudas para mi Sasé en aquellos años 90 lo catalogué como uno de los despoblados más bonitos de España, ahora ya no podría confirmar esas palabras, aunque las edificaciones por ser de buena piedra están prácticamente igual que hace veinte años pero es que la vegetación descontrolada se ha cargado la belleza visual que tenía este pueblo.
      Conocí el Mas de Escrig en los años 90 (incluso conservo una fotografía) y fue un lugar que me gustó bastante, su ubicación y todas las casas en hilera a través de una calle.
      Por lo que me dices ya no tiene la misma imagen.
      El deterioro de los edificios en estos lugares no nos puede sorprender porque es algo con lo que ya contamos, pero no deja de causarnos desazón y amargura la decadencia de unas ruinas cautivadoramente hermosas.
      Un abrazo.

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  2. Ohh, que recuerdos (todavía frescos, estuve en Sasé de nuevo hace unos meses). Magnífico reportaje una vez más, amigo Faustino. Un fuerte abrazo.

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    1. Este es "tu territorio" y como tal lo tienes bien controlado con visitas periódicas.
      La suerte que tienes de tener cerca unos despoblados tan hermosos como los que hay en toda la provincia oscense.
      Recuerdo que alguna vez hablamos de la genuina belleza que encerraba este pueblo y lo comparábamos con Burgasé.
      Sasé es uno de los grandes y como tal se merecía un reportaje a la altura de su categoría.
      Me alegra que te haya gustado. Tu opinión es muy valida en lo referente a estos deshabitados de tu tierra.
      Un abrazo Cristian.

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  3. Qué pena que lo recordaras como uno de los despoblados más bonitos de España y ahora esté así... Y qué pena no haber leído antes esta entrada, porque en septiembre del año pasado estuve unos días por el Sobrarbe y me alojé precisamente en Fiscal; pero ni idea de la existencia de Sasé. Tengo que volver por allí.

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    1. Y ahora sigue siendo uno de los despoblados más bonitos que he conocido, Sasé seguirá siendo mucho Sasé, lastima que la maleza adultere la visión del entramado urbano y de sus edificaciones.
      Fiscal es un buen punto de partida para conocer lugares de La Solana y también de Sobrepuerto, así que lo tienes pendiente para la próxima vez.
      Un cordial saludo.

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  4. Muy hermoso el pueblo, a ver si sigue creciendo el turismo rural y llega a esos pueblos de huesca, son hermosisimos. Bueno, sobre el pantano de Janovas que esta hasta el borde de agua... mejor no hablar.

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    1. Hermosisimos los despoblados de Huesca, coincido contigo.
      El turismo rural no llega a estos pueblos, no se dan los condicionantes para ello.
      El maldito pantano nunca construido de Jánovas es culpable indirecto de la situación que se ha producido en Sasé y en toda La Solana.
      Un cordial saludo.

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  5. Un reportaje completisimo como siempre ,aunque eso no es novedad;Sasé es de los pueblos mas impresionantes que conozco ,junto a los de Sobrepuerto uan autentica maravilla;una pena el deterioro que va sufriendo,nada extraño aunque si te llevas una pequeña decepción.A ver cuando te animas a venir por esta zona soriano -riojana.Un abrazo,Faustino.

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    1. No puedo negar que ha sido una decepción grande para mi la diferencia entre la segunda visita y la primera. Ni por asomo esperaba encontrarme este precioso pueblo convertido casi en una selva.
      La vegetación lo mantiene asfixiado casi por completo.
      Una lástima.
      Aunque es cierto que ya nada nos puede llevar a sorpresa. Son factores con los que hay que contar.

      Si es verdad que tenemos algo pendiente por Tierras Altas pero ya me sabrás disculpar por la demora. Son muchos lugares a visitar y poco el tiempo disponible. Queda pendiente.
      Un abrazo Blas.

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  6. Bajo una fotografía pones que duele la vista, por el derrumbe, por el ocaso de estas piedras. Pero opino que la vista también duele por la hermosura de sus viviendas, por el paisaje que las envuelve. Duelen, con distinto matiz, los recuerdos que les devuelves con los testimonios de estas gentes que te los entregaron. Y duele y mucho que los que allí habitan ahora no la cuiden porque sé que es fácil continuar con la tradición , con los pasos de los que allí habitaron, un lugar no solo te entrega un cobijo, un campo que cultivar, también te da señales que debes aceptar, te entrega para que des, te ofrece para que perdure. El dolor se manifiesta de muchas formas pero en sus variantes el más intenso es el de cómo puede abrumar tanto la visión de un pueblo. No sé cómo justificar que tantos deshabitados haya en Huesca y que acabes sintiendo pena por verlos así, mientras miras a tu alrededor y ves otros núcleos habitados, casi despoblándose que son igualmente hermosos. No he vuelto por esta provincia desde que comprendí que si continuaba deslizándome por el silencio de sus callejas estrechas, acariciando esa piedra tallada con tanta maestría, podría caer en el dolor que representa una despedida discontinua, ¿quién puede alejar al tiempo con tanta premura para que sea posible un nuevo encuentro?
    No acierto a entender el porqué hay tanta belleza que despierta tal cantidad de sentimientos. Comprendo la pena que tienen que sentir sus antiguos moradores cuando les devuelves cada día de la semana con ese vaivén de gentes que les visitan, hasta oímos el agua en sus fuentes y lo más importante, nos das a conocer los nombres de los que hicieron posible que ésto pueda llegar hasta nuestros ojos, hasta nuestro corazón. Gracias una vez más por tan maravilloso reportaje.

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