La Vereda (Guadalajara)

El pueblo de La Vereda parece sacado de un cuento de los Hermanos Grimm. De una belleza extraordinaria, es una de las joyas de la despoblación en España. Pero no fue tan idílica la vida en La Vereda como pueda parecer. Más bien al contrario, fue una vida muy dura, un terreno muy abrupto, aislado, mal comunicado, con un clima muy severo, situado a más de mil metros de altitud y con muchas carencias de servicios básicos hacían de este pueblo un ejemplo de la lucha por la supervivencia en un medio hostil.
Es el máximo exponente de la llamada arquitectura negra de Guadalajara, en la parte noroccidental de la provincia, en la sierra de Ayllón.
Situado en un saliente rocoso, colgado sobre el arroyo Vallosera, el pueblo de La Vereda perteneció al ayuntamiento de El Vado hasta que este pueblo quedó bajo las aguas del pantano del mismo nombre, pasando a tener ayuntamiento propio hasta su despoblación en los años 70, desde entonces hasta la actualidad pertenece al ayuntamiento de Campillo de Ranas.
 Estaba conformado por algo más de una treintena de casas separadas en dos barrios, quedando las casillas y pajares en la parte más baja del pueblo, hacia el barranco.
Todas las viviendas seguían una tipología muy parecida, con el empleo de la pizarra, tanto en muros como en tejados. De una sola planta con cámara o cambara en la parte de arriba, al exterior tenían pocos y pequeños vanos para las ventanas con el objeto de preservar el interior de las casas de las inclemencias meteorológicas.
La ganadería era su principal medio de vida y dentro de ella eran las cabras las que se llevaban la parte más numerosa.
Este animal era primordial en la vida de los veredanos por su aporte de carne en la alimentación, pero también facilitando leche para su consumo y para realizar el queso de cabra, pero sin olvidar que era la venta de los cabritos el mayor ingreso para sus habitantes, cabritos que se llevaban principalmente a Sepúlveda (Segovia)
El ganado se mantenía en el pueblo y sus pastos cercanos hasta San Pedro a últimos de junio, fecha en que se subía a los pastos de verano situados en el Monte de la Cerrada donde se guardaba en las llamadas ¨teinas¨, volviéndose a bajar al pueblo hacia el 16 de agosto.
Las ovejas quedaban en un segundo plano. El día 11 de junio, San Bernabé, se realizaba el esquileo de las ovejas y se subían a los pastos de verano. Este día era tradición comer un cocido con la lengua del cerdo que se había matado el año anterior.
No faltaba un número considerable de mulas, animal necesario para las tareas agrícolas y para el transporte humano en estas tierras donde no llegó nunca un vehículo.
Había mucha tradición en La Vereda de poseer colmenas para la extracción de miel.
La agricultura quedaba en un plano secundario al ser un terreno muy escabroso y de poca calidad.
Se cultivaba trigo y centeno principalmente y legumbres, hortalizas y verduras en los pequeños huertos para consumo propio. En los árboles frutales eran los cerezos y los nogales los que se llevaban la palma.
San Pedro era el patrón del pueblo al que celebraban fiestas los días 29 y 30 de junio.
La fiesta empezaba muy temprano con la ronda de los mozos por las diversas casas para recoger las rosquillas de ¨baño¨ con las que se componía el Ramo. Se tocaba la jota serrana en cada casa, invitando los dueños a pastas y anís para los presentes. Se recogían dos rosquillas por cada casa, una para el Ramo y otra para los mozos.
A mediodía se celebraba la misa y la procesión correspondiente en la que se llevaba la imagen de la Inmaculada Concepción. Tras el breve recorrido, se subastaban las andas y las ¨cintas¨ que adornaban la Imagen antes de la entrada en la iglesia.
Por la tarde se hacía la subasta del ¨Ramo¨, armazón de madera adornado con las rosquillas recogidas y con cintas y ramas de cerezo, con lo obtenido se sufragaban gastos de la iglesia y de la fiesta. Tradición esta del Ramo de la que ya hay constancia desde 1681.
El baile se hacía en el interior de la Casa de la Villa y los músicos eran gentes del mismo pueblo que con guitarras, bandurria y laúd más el acompañamiento de triangulo, botellas de anís y cañas entrechocadas hacían bailar a los presentes la típica jota serrana.

¨Matallana está en un llano, La Vereda en una cuesta,
y El Vado está a orilla del río, ¨arrecogiendo¨ la pesca¨.

¨En El Vado hay buenas mozas, y en Matallana mejores,
y llegando a La Vereda, como ramitos de flores¨.

¨Entre Tamajón y El Vado, han sembrado un melonar,
Matallana y La Vereda, se los bajan a quitar¨.


Había costumbre el día de la fiesta de hacer un guiso de patatas o un cocido de garbanzos, en cada casa se hacían las ¨rosquillas de baño¨. Estas rosquillas se ¨bañaban¨ en clara de huevo al punto de nieve y se intentaban hacer lo más grandes posibles para poder presumir de rosquilla. Dos rosquillas se daban a los mozos en la ronda mañanera, una para el ¨Ramo¨ y otra para los propios mozos, el resto se compartía con vecinos y familiares.
De Matallana y El Vado era de donde acudía más gente a participar de las fiestas y en menor número de La Vihuela, Roblelacasa, Valdesotos...
El cura subía a oficiar misa desde Tamajón en caballería, pero después de la guerra civil ya no se oficiaba misa dominical debido a la incomunicación cada vez más acusada de La Vereda y a la incipiente emigración que iba mermando el número de habitantes del pueblo.
El sacerdote solamente acudía a La Vereda cuando se le solicitaba para un bautizo, primera comunión, boda o entierro, o bien para las fiestas de San Pedro.
Los vecinos llevaban un turno de acogida para saber a qué casa le tocaba darle de comer o incluso cama si pernoctaba en el pueblo.
El médico estaba en Tamajón pero prácticamente nunca subía por La Vereda, eran los veredanos los que bajaban a consulta médica a Tamajón, donde también había botica para comprar medicamentos.
Hay constancia de una niña en 1960 que enfermó de apendicitis y la llevaron en una parihuela sobre mulas hasta Tamajón, y desde allí en coche particular hasta Guadalajara para operarla.
Para los partos o enfermedades sencillas se confiaba en las mujeres del pueblo que tenían conocimiento de ello.
También en Tamajón residía el veterinario.
El cartero vivía en El Vado pero tras la desaparición de este pueblo, eran los propios veredanos los que recogían las cartas en Tamajón cuando iban por allí por algún motivo.
En Tamajón también había tiendas donde se podían surtir de todo lo necesario como comestibles que no había en el pueblo, ropa, útiles de herramientas, medicinas, etc.
A Valverde de los Arroyos llevaban la lana ya hilada de las ovejas para que la tejieran e hicieran mantas, mantones, alforjas, etc.
A Valdepeñas de la Sierra llevaban las aceitunas recogidas de los olivos para hacer aceite.
No había taberna en La Vereda, los mozos compraban arrobas de vino en Tamajón para las reuniones festivas.
Para moler el grano iban al molino de El Vado o a otro molino que había en el curso del río Jarama entre Matallana y El Vado, al quedar ambos molinos anegados bajo las aguas en 1954 se construyó un molino en las cercanías de La Vereda junto al arroyo Vallosera.
Cada casa solía tener su horno.
Todos los sábados se hacía baile en el interior de la Casa de la Villa.
Si ya de por si era difícil el acceso a La Vereda, las frecuentes nevadas en invierno lo dejaban completamente incomunicado. Era época de matanza, de gruesas mantas para dormir y de combatir el frío al calor del fuego en las cocinas.
Propio de los lugares muy aislados era el ¨hilandero¨, reuniones en las que las mujeres y niños desgranaban judías, se tejía y se hilaba y los hombres arreglaban herramientas y hacían cestas, a la par que se contaban historias y recuerdos de tiempos pasados.
Entre las costumbres de La Vereda varias se pueden citar:
- La víspera de Todos los Santos, se reunían para matar la ¨machorra¨, un macho cabrío viejo, hacer con él el ¨repasto¨ (guiso con huevos) y cenar todos los mozos en ¨corrobra¨. En esta cena, los chicos que cumplían 14 años entraban a formar parte de los mozos y pagaban un cuartillo de vino para todos. Luego se comían las ¨puches¨ unas gachas con miel, y cuando ya los mozos estaban un poco alegres, cogían las puches y llenaban las cerraduras de las casas para no dejar pasar a las ¨animas¨. Para dar más ambiente, colocaban calabazas huecas con velas encendidas en su interior repartidas por el pueblo.

- Navidades y Reyes. La celebración de la Navidad en La Vereda era sencilla, la fiesta se concentraba en la Nochebuena con una cena austera en familia, y un gran baile con la rondalla de guitarreros en la Casa de la Villa, con degustación de vino y anís para los adultos.
El día de Navidad se dedicaba a ¨hacendera¨ en la que los hombres reparaban el estado de los caminos que estuvieran en mal estado.
El día de San Silvestre (31 de diciembre), Nochevieja el protagonismo era para la ¨Botarga¨.
Este era un personaje estrafalario que resultaba elegido de entre los mozos para ver quien hacía esa noche el papel. Se vestía con una ¨saya¨ o falda vieja de mujer, una ¨chambra¨ o blusa de mujer y una careta en la cara tiznada previamente. Al cinturón, una ristra de grandes cencerros y en la mano un garrote.
A las doce de la noche salía el botarga acompañado de los mozos, haciendo sonar estrepitosamente los cencerros acompañado del sonido de un gran tambor comunal que se guardaba en la Casa de la Villa.
De esta guisa se iba de ronda casa por casa llamando a las puertas de las mismas con el garrote y entrando hasta la cocina a remover las brasas de la lumbre en busca de patatas asadas. Los mozos que le acompañaban recogían entonces el aguinaldo, consistente en ristras de chorizo con formas de garrota, patatas, judías, trigo, centeno... que iban colocando en dos alforjas a propósito, una para el aguinaldo de los hombres, que se subastaba al día siguiente, y otra para el aguinaldo de los mozos, que lo guardaban para sus reuniones.
Si en la casa había mozas o niños, el botarga bailaba con ellos, cantando los niños:
¨Botarga la larga, cascaruleta, que más vale mi pelo que tu chaqueta¨.
Si había mozos en la casa, estos invitaban a la ronda a torreznos, pastas y anís.
Por último toda la ronda cantaba, con el único son del tambor, el Cantar de San Silvestre aprendido de padres a hijos.
Al día siguiente, Año Nuevo, se juntaban todos los vecinos en la Casa de Villa a celebrar ¨almoneda¨, subastar los bienes recogidos la noche anterior en el aguinaldo de los hombres, siendo el beneficio para los gastos del Común. Un baile con rondalla y vino era el broche final de la fiesta.

- En época de Cuaresma era costumbre que las rondas que habitualmente hacían los mozos a las mozas las noches de los sábados se realizaran con un tambor y no con guitarras como se hacían habitualmente. Las mozas durante este periodo decoraban el armazón del Ramo con picos de enaguas, manteles, cintas de colores y salían con el a pedir a todo forastero que se acercara por La Vereda. Las niñas pequeñas hacían otro tanto con un armazón de madera con forma de aspa o cruz, al que decoraban de igual modo, para pedir iban cantando canciones petitorias y romances.
En Jueves Santo se preparaba el Monumento en la iglesia, con numerosas velas compradas con parte de lo recogido.

-Carnaval. La ¨vaquilla¨ salía el martes de Carnaval por la noche, durante la celebración del baile en la Casa de la Villa. El mozo que ese año quería llevarla se colocaba unas ¨amucas¨ cubiertas con una manta de lana y con una buena cornamenta en la cabeza; hacía sonar ruidosamente los grandes cencerros que se colocaba a la cintura e iba persiguiendo principalmente a las mozas por las oscuras callejuelas del pueblo.

-El Mayo. Los mozos elegían la semana anterior el árbol, preferentemente chopo, que sirviera de ¨mayo¨ , al anochecer del 30 de abril lo colocaban en un profundo hueco excavado en la plaza de Oriente. Lo elevaban mediante sogas y en algunas ocasiones tenían que subirse al tejado de las casas colindantes. El tronco era desmochado de ramas excepto en la punta.
Luego posteriormente salían los mozos de ronda por las calles cantando el mayo a las mozas en general, y a las novias de los mozos en particular. Terminada la ronda, cada mozo preparaba su ¨enramada¨ a su moza, consistente en ramas floridas de jara, tomillo o romero, colocadas en forma de ramos en ventanas, rejas o incluso bajo las lajas de pizarra de los tejados. Si las mozas quedaban contentas correspondían a sus ¨mayos¨ con rosquillas de baño el día de San Pedro. Como broma, los mozos que querían dejar a sus novias, colocaban cardos como enramadas.

La construcción del pantano de El Vado en 1954 fue un mazazo para los veredanos pues desde ese momento se corta el camino que unía La Vereda con Tamajón a través del puente de El Vado. El Estado una vez hecho el embalse no construye una pista alternativa, con lo que La Vereda y Matallana quedan aislados, sin accesos ni ningún tipo de servicios. Tienen que ser los propios vecinos los que realicen penosamente un camino de herradura por el que tardan unas cuatro horas en llegar a Tamajón.
Sin caminos, sin médico cerca, sin servicios básicos se estaba empujando a las gentes de La Vereda y Matallana a emigrar.
Los veredanos se fueron marchando en los años 50 y 60 en su mayoría a San Sebastián de los Reyes (Madrid) en un efecto dominó en el que las primeras familias que se instalaron en este pueblo fueron arrastrando a otras. Otro grupo de personas eligió Madrid como lugar para iniciar una nueva vida.
En el año 1971 cuando aun dos familias residían en La Vereda, ICONA ejecuta la expropiación forzosa de todo el término municipal, con el interés público de la realización de trabajos hidrológicos forestales en la zona.
En el otoño de ese año los últimos habitantes de La Vereda tuvieron que recoger sus pertenencias en baúles y fardos y cargarlas en las mulas para bajar a Tamajón y de allí a su nuevo lugar de destino.
Los últimos de La Vereda fueron por un lado el matrimonio formado por Julián Lozano y María Mínguez con un hijo que vivía con ellos y por otro lado el matrimonio formado por Segundo Mínguez y Anastasia Moreno con un hermano soltero de esta, Jerónimo Moreno.
Paradójicamente en 1974 llegó a La Vereda lo que nunca había llegado hasta el pueblo: un camino rodado para vehículos realizado por el Estado.
En 1977 un grupo de personas solicitó la concesión del pueblo de La Vereda y su entorno y para ello crearon la Asociación Cultural La Vereda con el objetivo de rehabilitar y dar vida al pueblo. Pero eso ya forma parte de la historia moderna de La Vereda.
Desde 1989 los antiguos vecinos y descendientes de La Vereda, Matallana y El Vado se reúnen el 29 de junio en La Vereda para celebrar y recordar el día festivo organizado por la Asociación Cultural Hijos de La Vereda. Asociación que trata de que no se pierdan las costumbres y tradiciones del pueblo así como de conseguir la reversión de las casas que un día fueron suyas.

**Todos los datos aquí publicados están extraídos del blog creado por la Asociación Cultural Hijos de la Vereda y de conversaciones con Francisco Martín Moreno**
Imprescindible visitar dicho blog sobre La Vereda, Matallana y El Vado para conocer toda la historia, costumbres, tradiciones y toponimia de estos pueblos con todo lujo de detalles: http://hijosdelavereda.blogspot.com.es/


Visitas realizadas en mayo de 1996 y en noviembre de 2013.

Agradecimiento a la Asociación Cultural Hijos de la Vereda y en particular a su secretario Francisco Martín por la extraordinaria colaboración de datos y aporte de fotografías para la realización de este reportaje.


PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

La Vereda. Mayo de 1996.




Entrando a La Vereda.




Plaza de Oriente.




Calle de Oriente. Camino hacia El Vado. En primer plano la casa de Segundo Mínguez y Anastasia Moreno, que fueron de los últimos en marchar del pueblo, pero los últimos años vivieron en la casa de los balcones, que era propiedad del padre de Anastasia (Apolinar) y donde vivía un hermano de esta (Jerónimo).




Rincón de la calle de Oriente.




Foto cedida por la Asociación Cultural Hijos de La Vereda.

La misma puerta de la foto anterior a primeros de los años 60 cuando estaba habitada. Las hermanas Iruela Mínguez, Faustina y Julia, con Paco en posición arrodillada (hijo de Julia) y otro niño (Félix, el hijo de Hilaria y Antonio).



Entrando a la Plaza de Oriente. De frente la Casa del Secretario del Ayuntamiento. Se edificó hacía 1950 como residencia de este funcionario municipal, una vez que el ayuntamiento de El Vado pasó a La Vereda. Se aprecia ya el uso de ventanas de mayor tamaño que las existentes hasta entonces.



Extraordinario rincón de gran belleza en la Plaza de Oriente. La casa de la izquierda de Mariano López Mínguez con un rustico y fascinante portalillo cerrado de acceso a la vivienda y la casa de la derecha de Mauricio Esteban Esteban con su horno incrustado en la fachada. Grandes cubiertas de pizarra conforman los tejados.



Foto cedida por la Asociación Cultural Hijos de La Vereda.

Hacia 1962. En el mismo lugar de la foto anterior. Julia López Iruela (hija de Mariano) realizando tareas de labor. Precioso taburete de tres patas detrás de ella.



Desde la plaza de Oriente hacia la iglesia.




La calleja. Exquisita belleza. A la izquierda la casa de Mauricio Esteban y a la derecha la de Ciriaco Martín.



La casa de Julián Lozano y María Mínguez. Fue una de las dos últimas que se cerró en La Vereda.



Foto cedida por la Asociación Cultural Hijos de La Vereda

¿Que se le vendría a la cabeza a María Mínguez en el momento de marchar observando su casa por última vez?



Plaza mayor de La Vereda.




La Casa de la Villa. Es la sede desde 1950 del ayuntamiento de La Vereda. La planta baja se compone de un gran salón de Juntas y Baile, rodeado todo él de un poyete de piedra, más un cuarto y el calabozo, situados al fondo del edificio. En la planta superior, una Sala de Juntas y un espacio diáfano a modo de cámara.



Inscripción en una pizarra de la fachada:
¨Casa de Villa de La Vereda del año de 1924.
Apolinar Moreno, yo he traído este canto¨.




Escuela de La Vereda y casa de la maestra. Se construyó en los años 50. Anteriormente los niños asistían a la escuela de El Vado. La señorita María, originaria de Valverde de los Arroyos es una de las profesoras que se recuerda que impartió enseñanza aquí.



La iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.




Pórtico de la iglesia. En esta calle estaba situado el juego de bolos y también había un olmo del que ya no queda ni rastro.



Hacia el barrio de Arriba.




Casas en el barrio de Arriba. La de la izquierda de Mariano Iruela y la de la derecha de Manuel Alonso.



La casa de Apolinar Moreno. El albañil que dio vida a tantos edificios en La Vereda y en otros pueblos del contorno. Dejó inmortalizada su firma con piedras de canto blanco en el portalillo de la entrada (APM). Rompió todos los moldes de construcciones realizadas hasta la fecha, con la inclusión de balcones. En realidad eran dos viviendas. Fue una de las dos últimas viviendas en cerrarse en La Vereda.




Foto cedida por la Asociación Cultural Hijos de La Vereda.

Llegó el momento de partir. Colocando los baúles en la mula. Victoriano y Jerónimo.




El núcleo central de La Vereda visto desde el barrio de Arriba.




Volviendo del barrio de Arriba.




Foto cedida por la Asociación Cultural Hijos de La Vereda.

Los últimos de La Vereda. Las dos familias que aguantaron hasta el final. El fotógrafo (el de las gafas situado en el centro) no se quiso perder la instantánea y puso el automático en marcha para quedar también inmortalizado.




Foto cedida por Francisco Martin.

La fuente de La Vereda.




Viniendo por el camino de Las Cortes.




Casillas y pajares para guardar ganado y paja.




Foto cedida por la Asociación Cultural Hijos de La Vereda.

Anastasia Moreno ha dejado atrás su querido pueblo de La Vereda. Caminando con las mulas cargadas de enseres hacia Tamajón.

El Alamin (Madrid)

Corta pero intensa vida la que tuvo el pueblo de El Alamin. Con poco más de sesenta años de existencia ha conocido el sinsabor de la derrota frente a la despoblación.
Pueblo fundado en la década de los 50 por don Juan Claudio Güell y Churruca, conde de Ruiseñada, aunque por su temprano fallecimiento fue su hijo don Juan Alfonso Güell y Martos, IV marqués de Comillas el que figuró como propietario y alma máter del poblado de El Alamin.
Diseñado de forma parecida a los pueblos de colonización que se crearon hacia la mitad del siglo XX en muchas zonas del país. De forma casi cuadriculada, con tres calles paralelas, dos perpendiculares y una gran plaza.
Sus habitantes eran jornaleros (no tenían nada en propiedad) que se dedicaban a trabajar las tierras, a atender la ganadería de reses bravas y a cuidar el coto de caza.
Fue creado para albergar a los trabajadores de la extensísima finca de El Alamin que ocupaba un vasto territorio en las inmediaciones del río Alberche, una parte pertenecía a la provincia de Madrid y otra a la de Toledo. Había edificaciones muy dispersas dentro de la finca donde vivían varios trabajadores pero sin ningún tipo de infraestructuras. Se optó por construir el pueblo para albergar a gran parte de los trabajadores en un mismo sitio y dotarles de los servicios que carecían.
Se construyó en un terreno baldío, junto a la antigua carretera que unía Escalona con Villa del Prado, a este pueblo pertenecía como ayuntamiento y de allí recibía servicios religiosos y sanitarios, asimismo el Marqués puso a disposición de los vecinos un autobús de la época (la pava) que comunicaba a los vecinos de El Alamin con Villa del Prado.
Llegó a contar con iglesia, convento, escuela, bar, peluquería, oficina de correos y un número aproximado de unas cuarenta viviendas, en las que sus inquilinos no tenían que pagar nada por el uso de la casa excepto la luz.
Todos los curas que oficiaron misa en El Alamin vinieron de Villa del Prado, desde don José que fue el primero hasta don Luis Miguel el último.
El médico (don Guillermo) venia una vez a la semana desde Villa del Prado. Para cualquier imprevisto sanitario de poca importancia había un pequeño dispensario que administraban las monjas del convento. Monjas que también dieron clase en la escuela hasta que se marcharon del pueblo y asimismo tenían una pequeña guardería en el convento donde algunas familias podían dejar a sus hijos pequeños cuando tenían que ausentarse del pueblo.
Los vendedores ambulantes no faltaban por el pueblo y en ocasiones eran los vecinos los que se desplazaban a Villa del Prado a realizar cualquier compra.
El panadero venia diariamente desde el pueblo toledano de Almorox.
Las fiestas patronales eran para San Juan, el 24 de junio, fiestas que se celebraban por todo lo alto, con todo el pueblo engalanado con banderines, e incluso varios años no faltaba una plaza de toros portátil.
El Marqués se dejaba ver a menudo por El Alamin, donde asistía muchos domingos a misa.
El día 18 de diciembre de 1957 fue una fecha muy señalada en la corta historia de El Alamin, pues ese día contrajo matrimonio una hermana del Marqués en la iglesia del pueblo, con la consiguiente presencia de autoridades civiles y militares y gente de la alta nobleza española, con gran parafernalia de vehículos de alta gama de la época allí congregados (mercedes, rolls royce entre otros).
La vida era muy apacible y serena en El Alamin donde se dio una gran mezcolanza de costumbres, de formas de hablar, de dichos, de hábitos, debido a que sus gentes procedían de distintas regiones de España y sirvió para enriquecer cultural y socialmente a todos sus pobladores.
El domingo era el día de descanso, lo que aprovechaban para reunirse los hombres en el bar a echar un trago y jugar la partida, los jóvenes a realizar algún baile con tocadiscos o desplazarse a Villa del Prado donde había cine y baile, quedando para los más pequeños el jugar al fútbol y las sesiones de cine en la escuela que todos los domingos ponía el cura (don José) con un proyector.
El trabajo en El Alamin no propiciaba que se ampliara el número de trabajadores, al contrario, la agricultura iba en decadencia, los dueños ya no consideraban rentable la producción agrícola, por lo que los jóvenes tenían que emigrar en busca de trabajo en la ciudad, lo que en muchos casos conllevaba que acabaran arrastrando a los padres con ellos, otros decidieron marcharse cuando ya veían el futuro muy negro en El Alamin y se fueron en busca mejores oportunidades, y otros aguantaron hasta casi el final, hasta que les llegó la jubilación.
La mayoría de la gente emigró a Villa del Prado y a Madrid, la despoblación definitiva de El Alamin se produjo en los albores del 2000.
Las diversas particiones que se hicieron entre los descendientes del Marqués hizo que la finca y el pueblo quedara repartido por lo que se dejo sin uso el pueblo de El Alamin, que posteriormente fue vendido a un grupo inmobiliario. Hay diversos rumores sobre el futuro que se le vaya a dar a este pueblo, pero de momento no hay nada de nada, ningún movimiento.
En estos últimos años El Alamin ha sido visitado por expoliadores, graffiteros, jóvenes para realizar botellón y fiestas, aficionados a la parapsicología, practicantes de airsoft, etc.
Este pueblo es algo más que todas estas actividades que allí se vienen realizando, El Alamin tiene que ser recordado por la corta historia de vida que tuvo el pueblo forjada por un grupo de gentes que dieron vida al lugar y dejaron allí los mejores años de sus vidas. Todo lo demás es secundario así como la nueva vida que pueda tener próximamente.
Hay que disfrutar recorriendo pausadamente las calles del pueblo, dejarse llevar por el silencio e imaginarse cómo era la vida allí.


Visita realizada en compañía de Jesús Sánchez en enero de 2014.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

La mayor parte de lo publicado son extractos extraídos de una página de facebook:
Antiguos vecinos Poblado de Alamin, así como de una conversación telefónica con un antiguo vecino del lugar.


Disposición urbanística del pueblo.




Calle de Nuestra Señora de las Angustias. Arteria principal del pueblo. Hacia la iglesia.



Hacia la mitad de la misma calle.




La iglesia parroquial de El Alamin.




Fuente octogonal y fachada de la iglesia por su lado oeste.




Nave central de la iglesia, con el altar mayor al fondo y las puertas de la sacristía.



Pila bautismal.




Desde la puerta de la iglesia. Llueve sobre El Alamin.




Plaza del Marqués de Comillas. Convento de monjas de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl.



Escuela de El Alamin.




Fachada sur de las escuelas.




Calle de Nuestra Señora de las Angustias. Hacia la salida.




La misma calle vista desde las alturas.




El bar de El Alamin ¡¡Cuantas partidas de dominó y de cartas en su interior!!



Calle de Nuestra Señora de los Reyes.




Calle de Nuestra Señora de los Reyes a la inversa. El silencio es abrumador.



Viviendas con porche ¡¡Cuantas noches de verano sentados a la fresca!!



Otro tipo de vivienda. No hay porche pero tiene desván. Se solía adjudicar a familias numerosas.



Todas las casas tenían en su parte trasera un pequeño patio individual donde se tenía un minúsculo huerto para consumo, no faltaba la parra. Además había pequeñas dependencias para animales como el cerdo, las gallinas, conejos o palomas.