La Revilla de Calatañazor (Soria)


Pueblo situado en la vertiente sur de la sierra de Inodejo, zona donde la despoblación ha golpeado con todas sus fuerzas, tierras ásperas y desoladas donde los pueblos se van muriendo lentamente.
Antiguamente llamado La Revilla a secas, de su notable pasado poco queda ya, era el segundo pueblo en importancia de los dieciocho que conformaban el señorío de Calatañazor, tenía tres anejos (La Barbolla, Fuentelaldea y Monasterio). Unas cuarenta casas conformaban el pueblo, contaba con cura residente (más tarde venia de Rioseco), secretario del ayuntamiento, maestro, cartero, herrero y taberna-tienda, en la que también se vendía el pan y solamente el médico venia de fuera (de Calatañazor). En su término había un extenso monte de encina (varios vecinos iban hasta la capital y pueblos cercanos vendiendo leña) y buenas tierras para el cultivo de cereal (trigo, avena, cebada), grano que llevaban a moler al molino de Rioseco y una buena cabaña de ganado (ovejas y cabras), dedicadas a la cría del cordero que acababa siendo vendido para llevarlo a Cataluña.

"Había casa del vaquero, que estaba en el centro del pueblo, detrás de la calle principal, en un sitio muy privilegiado. Tenía un portal y tres habitaciones y una cocina con un horno maravilloso del cuál salía un pan delicioso. Mi familia nunca vivió allí, pues vivíamos en la casa más bonita de Fuentelaldea, pero mi madre cocía allí el pan, tortas, magdalenas, sobadillos etc. Allí encerrábamos tres cabras nuestras y un chivo que era del pueblo.
Soy la última cabrera de La Revilla, fueron tres años que los recuerdo con el máximo cariño y mucha nostalgia. A muy temprana hora de la mañana cada día recorría el camino de Fuentelaldea a La Revilla, tardando unos 15 minutos en hacer el trayecto entre los dos pueblos, cogía un cencerro que guardaba en la casa del vaquero, y tocándolo recorría las calles, los vecinos ya sabían que tenían que llevar las cabras a una placita a la derecha de la calle de la fuente. Por esa calle las llevaba hacia el monte, al pasar por la fuente casi todas bebían agua en el pilón, aunque bebían más al volver por la tarde, fruto del desgaste del día. Cuando desarrollé este oficio tenía 11 años, llevaba alrededor de 50 cabras y que nadie piense que esto era fácil, casi siempre las llevaba al monte alrededor del camino de la Virgen hasta el montón de piedras, después pastaban por las faldas del Alto del Otero o subían a la cima, yo subí cientos de veces y es imposible tener una mayor sensación de libertad en este mundo que estando arriba en lo alto. Alguna vez coincidí con mi padre en la cima, y me decía, ¿ves aquellas sierras?, pues detrás está Madrid. En el tiempo de las bellotas (unos dos meses aproximadamente) había que llevar las cabras al pinar, ya camino de Quintana Redonda, como esos meses no había que ordeñarlas las encerraba por la noche en una taina en una explanada preciosa junto a la dehesa, este sitio se llama las tablazas. Con los dueños de las cabras todo son buenísimos recuerdos, en la Revilla había seis o siete pastores (dos de ellos eran un poco más mayores), las ovejas eran de sus familias, en un principio también había una chica pastora, pero al final todos fueron chicos menos yo. Lo mismo que he dicho antes de sus mayores, tengo los mejores recuerdos de estos chicos, con ellos jugaba a las cartas, al tejo, dibujábamos el calderón o la semana en el sitio que quedaba en las carboneras cuando ya se había llevado el carbón. Estoy orgullosa de ser la última cabrera de La Revilla, lástima que actualmente solo queden ruinas, y nostalgia, pero mientras la recordemos allí estará".
TERESA MARTÍNEZ.


Conocieron la luz eléctrica en las casas, no así el agua corriente.
Las fiestas patronales se celebraban el 8 de septiembre en honor a La Natividad de la Virgen. Después de la misa se hacia una ronda con los músicos por las casas de las autoridades (alcalde, cura, maestro, secretario y juez de paz), se tomaba anís y roscas. Después de comer se celebraba el baile y se repetía por la noche.
El 20 de enero se celebraba a San Sebastián. Por la mañana los mozos cortaban leña en el monte, con la cual se hacia una hoguera en las eras. Había baile hasta la cena, a la cual se invitaba a parientes y amigos.
La víspera de la Ascensión se honraba a la Virgen del Roble. Fiestas que duraban dos días: miércoles y jueves. El miércoles había misa y procesión larga, que más tarde se acortó hasta la ermita de Santa Ana. De regreso, a la puerta de la iglesia se remataban los bandos (subasta para entrar a la virgen a la iglesia).

"Para El Corpus íbamos al campo a coger cantueso, tomillo, romana, hierbabuena y flores. Todo esto se echaba al suelo en las calles por las que pasaba la procesión y se ponían algunos ¨altares¨ en el recorrido, en los que recostaban a algún niño pequeño. En la procesión el cura llevaba la Custodia bajo palio y detrás iban las autoridades con el pendón, la cruz de plata y los monaguillos con candelabros y velas.
Por la tarde el baile se hacía en las eras si el tiempo era bueno y de lo contrario se hacía en la Casa Concejo". JULIANA ISLA.


En Cuaresma, las mozas iban cantando los domingos por las puertas de las casas, pidiendo donativos para comprar velas.
Acudían en romería junto a una treintena de pueblos a la ermita de la virgen de Inodejo en el término municipal de Las Fraguas, el domingo de La Trinidad, que es variable.

"Íbamos atravesando el monte con las caballerías. Al llegar al término de Las Fraguas había un montón de piedras con una cruz encima, pedíamos una gracia y echábamos una piedra al montón. Algunas personas hacían promesa de ir descalzos una parte del camino.
Llegando a la ermita, dejábamos en la explanada la comida, en cestas o alforjas y la tapábamos con una manta. Después de la misa, tendíamos el mantel y comíamos en familia. Solían poner algún puesto de miel y fruta.
En la parte trasera de la ermita hay una hondonada adónde íbamos a buscar unas piedrecitas a las que llamábamos ¨piedras de la virgen¨ porque tenían unas muescas que parecían una cruz. Entonces no lo sabía, pero hoy sé que eran fósiles de pequeños erizos de mar de la época prehistórica, de cuando toda esa zona estaba invadida por el mar". JULIANA ISLA.


En las tardes de domingo, en la plaza, las mujeres jugaban a los bolos y a las cartas, mientras que los hombres lo hacían a la tanguilla.
Los lunes era día de mercado en Rioseco, Se solía ir a comprar alpargatas, congrio, bacalao salado, escabeche, olivas y en general productos que no había en el pueblo. Y además contaban con algún vendedor ambulante que aparecía de cuando en cuando por La Revilla como era el caso de Nilo, del comercio del tío Perico que venía con una caballería y unas alforjas vendiendo tejidos. También aparecía Luis ¨el manco¨ que venía con un carro vendiendo productos alimenticios.
Entre las costumbres de la Revilla se pueden citar:

- Las cenderas.
Los hombres se reunían de vez en cuando para arreglar las calles y caminos del pueblo, limpiar la fuente, etc. A esto se le llamaba ¨hacer cenderas¨. Al acabar los trabajos hacían una merienda.

- Los pobres.
Algunas veces venia al pueblo algún hombre sin recursos, que estaba de paso, pedía comida por las casas y a la hora de dormir se hacía turnos entre todas las casas para darle cobijo. Para ello había una tablilla de madera a la que se llamaba ¨testigo¨. El alguacil recogía el ¨testigo¨ en la última casa y acompañaba al pobre a la siguiente, donde le daban cena y cama. Nunca dormía en la calle.

-Carboneras.
En invierno se hacia el carbón. Los hombres cortaban encinas en el monte y venían unos carboneros de Las Fraguas para hacer el carbón. Ponían la leña en un montón grande y lo tapaban con tierra, dejando un agujero para respirar, a modo de chimenea. Las carboneras estaban varios días quemando, había que vigilarlas día y noche. Cuando el carbón estaba hecho se vendía.

En 1962 se hizo la carretera hasta La Revilla.
Pero hay una fecha trágica en la historia de La Revilla escrita en mayúsculas: 21 de marzo de 1967.
En una noche desapacible y ventosa como corresponde a ese mes, unos rescoldos de un fuego mal apagado en el exterior de una vivienda dio paso a un trágico incendio que se llevó por delante casi una veintena de casas amén de otros edificios entre ellos la escuela. Los vecinos apenas si pudieron salvar lo más elemental pero las pérdidas fueron cuantiosas (enseres, ropa, aperos, grano almacenado, etc). En ese año aún vivían en el pueblo casi 100 personas, pero la mayoría de estas gentes tuvieron que marchar del pueblo al haberlo perdido todo.
La Revilla desde esa fecha entró en decadencia y los vecinos que se quedaron aguantaron unos años más pero en los años 70 fueron marchando debido a la mecanización del campo y a las mejores expectativas de vida que había en la ciudad. Se fueron para Soria, Barcelona, Madrid y Quintana Redonda.
Restituto fue la última persona en marchar de La Revilla, emigrando a Soria.
A día de hoy el pueblo es frecuentado a diario por los agricultores que siguen trabajando las tierras. Varias naves agrícolas y alguna vivienda arreglada cambian un poco la imagen de tristeza y soledad que envuelve a La Revilla.

Han colaborado:
Juliana Isla.
Teresa Martínez.


Visitas realizadas en junio de 1992 y junio de 2009.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

La imponente iglesia de la Natividad de Nuestra Señora.




Vista trasera de la parroquial con el cementerio adosado.




Interior de la iglesia. Al fondo el altar mayor y por encima el techo abovedado.




Interior de la iglesia. Vegetación abundante. Púlpito resquebrajado. Coro al fondo y escalera de madera para acceder al campanario. Óculo de iluminación.



Calle Real.




Calle Real.




La casa del cura.

"El cura que mejor recuerdo de mi infancia es don Rafael Rovira, natural de Figols de las Mines (Barcelona). Vivía con su hermana aquí en la casa parroquial, la cual tenía un bonito jardín con almendros y flores variadas.
Don Rafael, además de sus funciones como sacerdote, en la época de la guerra, nos daba clases a los niños, ya que la escuela quedó temporalmente sin maestro. También daba clases nocturnas a los adultos". JULIANA ISLA.




La casa del herrero.




La casa del tío Remigio. A los pocos años de fallecer este, Josefa su viuda se marchó con los hijos. Se cerró en 1967.




Hiedra muerta en la fachada, mismo destino para la casa.




La ermita de Santa Ana, situada a 200 metros del pueblo. El frontal actual se hizo en 1962, con la colaboración de todos los vecinos, bajo la dirección de don Florencio García, cura del pueblo en ese año. La ermita anteriormente no tenía ningún distintivo religioso en su exterior, era una simple nave cuadrada.



Fuente y abrevadero. La fuente antiguamente no tenía la misma fisonomía. La pared de los caños era más alta y estaba rematada por una pequeña pirámide, tenía dos caños en vez de uno como ahora.
"Las mozas íbamos a buscar agua al atardecer con cántaros y botijas, que eran una especie de tinajas pequeñas, con boca alta y estrecha y una sola asa".
JULIANA ISLA.




Lavadero.

"El agua venia desde el pilón-abrevadero por medio de un regato al lavadero. Este estaba conformado por dos piletas, una para lavar y otra para aclarar. Las losas que bordeaban el lavadero estaban al nivel del suelo, por lo que para lavar debíamos ponernos de rodillas sobre un cojín apoyado en una madera que tenía un pequeño frontal para no mojarnos el delantal al lavar. A esto lo llamábamos ¨el cajón de lavar¨ y cada mujer tenía el suyo. El lavadero estaba techado en la parte en que las mujeres se ponían a lavar y descubierto en el centro.
Después de lavar la ropa en el lavadero, la poníamos en un balde de zinc, que apoyábamos sobre la cabeza mediante un pequeño rodete de tela y la llevábamos a casa para blanquearla. En la cocina de las casas había un ¨coción¨, que era una tinaja grande semiempotrada en la pared y con un agujero en su parte inferior que se tapaba. Allí se ponía la ropa blanca con agua caliente y cenizas. Al día siguiente se quitaba el tapón inferior para que saliera el agua, se aclaraba la ropa y se tendía. Esto era un sistema de blanqueo natural muy eficaz". JULIANA ISLA.




Valeriana González nació en La Revilla de Calatañazor en 1921, hija de Santiago, natural de La Revilla y de Balbina natural del cercano pueblo de Monasterio.
Durante su infancia apenas pudo ir a la escuela, tenía que pastorear con las ovejas, aprendió a leer y escribir lo más básico. Al pasar a la adolescencia estuvo sirviendo en varias casas de la provincia de Soria para acabar emigrando al Madrid de la posguerra donde se instaló definitivamente en compañía de Eduardo, su marido, regentando un bar durante muchos años.
Nunca se olvidó de su querido y añorado pueblo y como muestra de ello es este breve relato publicado en 1987 en la revista "Llegar a tiempo" del Programa de Educación de Adultos de la Comunidad de Madrid donde hace una reseña del pasado de La Revilla y del triste final que tuvo el pueblo.
Desde hace más de diez años padecía Alzheimer lo que hacía que se le fuera deteriorando la memoria pero sus recuerdos sobre el pueblo se negaban a desaparecer de su cerebro, así recordaba la detención del maestro de La Revilla al comienzo de la guerra civil el mismo día que su madre, Balbina, daba a luz a uno de sus hermanos. Y por recordar se acordaba lucidamente de una canción de ronda que oía en su infancia a los mozos:
                               
                                "La madre que te parió
                                     bien podía parir otra.
                                     La una para el que canta,
                                     la otra para el que toca".


*Valeriana González murió en Madrid en octubre de 2015 a la edad de 95 años*

Granadilla (Cáceres)

Foto Paisajes Españoles.

Agradecimiento muy cordial y entrañable para Félix Pinero, excelente historiador de su pueblo natal, del cual está preparando en la actualidad un libro. "Granadilla en la mirada". Magnífico informante con multitud de datos y valiosas fotografías antiguas. Autor de un excelente blog: Puerta de la villa, en el que muestra retazos de Granadilla, de política en general o reflexiones sobre la vida en particular.

Otra página muy interesante y completa es la de José Andreu Muñoz-Orea: Granadilla, la antigua villa de Granada

La impresionante población de Granadilla se encuentra en un cerro sobre el embalse de Gabriel y Galán a modo de península, pantano al que le debe el "honor" de figurar como pueblo deshabitado, de que hoy día Granadilla no tenga habitantes, de que sus vecinos tuvieran que marcharse, de que no puedan volver nada más que de visita, de impotencia, de desarraigo, de tristeza, de exilio; en fin, de tantas historias que solo los granadillanos pudieron sentir cuando les obligaron a dejar atrás una vida entera y salir rumbo a lo desconocido.
Catalogada como la tercera población mejor amurallada de España por detrás de Ávila y Lugo, se diferencia de estas en que no creció población extramuros, como sí sucedió en las dos capitales de provincia. El terreno que había en el interior de la muralla era suficiente para ir prolongando el crecimiento edificatorio que se iba dando.
Antigua cabeza de partido judicial, Granadilla fue una localidad fundada en el siglo IX y llamada anteriormente Granada, su dominio pasó por diversas manos hasta llegar a la Casa de Alba y en la actualidad a la Confederación Hidrográfica del Tajo tras la expropiación.
Unas doscientas cincuenta viviendas conformaban el pueblo, que se estructuraba en un eje principal que iba de una puerta a otra de la muralla, teniendo como centro neurálgico la plaza mayor; de aquí salían diferentes calles de manera radial.
Mil ciento veinticinco vecinos llegó a contar el pueblo en los años 50, época de mayor esplendor demográfico, dedicados a la agricultura (cereal y olivos, principalmente) y a la ganadería (ovejas y cabras).
Tenían las fiestas patronales el 15 de agosto dedicadas a su patrona, La Asunción.
Celebraban otras fiestas el 14 de septiembre (el Cristo), además de los Carnavales que, pese a su prohibición durante el régimen franquista, siempre se celebraron, y las fiestas de Pentecostés.
Misa mayor y verbena y baile en la plaza eran los actos principales. Baile que solía ser amenizado por Fructuoso Montero (Fruto), natural del pueblo a la batería; Fermín, acordeonista de Cerezo y un trompetista de Navalmoral. Músicos que también solían actuar los domingos y festivos en que había baile y en las bodas que eran muy celebradas en el pueblo y donde acompañaban a los novios tocando hasta la iglesia y donde, durante la misa, tocaban el Himno nacional en el momento de la elevación del Cuerpo de Cristo como signo de reverencia.
Hubo cura residente hasta 1962 (don Juan Vaquero Urbano) y después, en los últimos años de vida del pueblo fue don Vicente De Luis coadjutor de Zarza de Granadilla quien acudía a oficiar la misa.
También perdió el médico en propiedad cuando empezó a mermar la población y al final era el del pueblo de Abadía el que iba a pasar consulta una o dos veces por semana.
El cartero recogía la correspondencia en el cruce de la carretera de Hervás a Valverde del Fresno; pero una vez embalsado el pantano y cortada la carretera, acudía en su jaca a Zarza de Granadilla a por la correspondencia para repartirla en el pueblo.
Así iba transcurriendo plácidamente la vida en Granadilla, como en cualquier otro pueblo extremeño, con las gentes dedicadas a sus quehaceres y reuniéndose los domingos en la plaza mayor, centro de la vida cotidiana del pueblo, donde los hombres se reunían en el café-bar Angelito a echar unos vinos y jugar la partida; otros a jugar a la petanca, a conversar tranquilamente: los niños a jugar al fútbol y a pídola y las niñas a la comba y a las piedrillas, hasta que llegó el fatídico año de 1955, en que se decretó la expropiación forzosa de la mayoría de tierras cultivables de Granadilla para la construcción del embalse de Gabriel y Galán.
Fue un auténtico mazazo para la población que veía partida su vida por la mitad. Con esta medida, a los granadillanos se les quitó por la fuerza su medio de vida, por lo que optaron por alquilarle a la Confederación sus propias tierras, ya expropiadas, al no tener otro medio de subsistir sin la base de la agricultura, así como sus casas para seguir viviendo en ellas que, aunque expropiadas en los años 1964-1965, no les fueron pagadas hasta 1972.
Los justiprecios de las expropiaciones se efectuaron tarde y mal, pues se iba pagando según iba anegando el agua las tierras y hasta el año 1972 no se abonaron los perjuicios indirectos y los justiprecios de las viviendas dándose así la terrible paradoja de que la gente que tardó en marcharse tuvo que alquilar a la Confederación las que habían sido sus moradas; para poder seguir viviendo en ellas y sus tierras, hasta el día que se marcharan y los que lo hicieron, se fueron sin haber percibido todas las indemnizaciones que les correspondían.
A ello se unía los malos modos de las fuerzas vivas del régimen que hostigaban a los más remisos en marcharse: " ¡Váyanse ya...! ¡Llévense hasta las sillas... y que no quede ni una...! "
Con esta situación se produjeron auténticos dramas de dolor y de rabia por la injusta situación creada.
El pueblo fue entrando en una agonía y cada pocos días era una familia la que cerraba la puerta de su casa para marcharse y donde todo el pueblo acudía a despedir a los que se iban entre lágrimas, abrazos y los mejores deseos de una nueva vida. Adiós para los que se iban e incertidumbre para los que se quedaban sobre quién sería la próxima familia en marcharse viendo que el éxodo ya era imparable.
La mitad de las familias optó por marcharse al nuevo pueblo de colonización de Alagón del Rio, a unos 60 km. de Granadilla, aquí tuvieron unas difíciles condiciones de adaptación los primeros años, debido a las nulas infraestructuras que había en la nueva población. El resto de familias se diseminó por todas partes: Cataluña, País Vasco, Madrid, Salamanca, Plasencia, Cáceres o la cercana población de Zarza de Granadilla.
En 1966 se quedó completamente vacío el pueblo.
Nunca conocieron las modernidades que en esos años iban llegando al resto de pueblos, como la luz eléctrica, agua, teléfono, carretera de acceso, etc, debido a que la Administración lógicamente no iba a invertir en infraestructuras en un pueblo que estaba sentenciado a muerte.
El 29 de Mayo de 1965 se publicó en el BOE el Decreto 1347/1965, de 6 de Mayo, por el que se acuerda la disolución del Municipio de Granadilla (Cáceres) e incorporación de su término municipal a los limítrofes, Zarza de Granadilla, la orilla este del embalse, y Mohedas de Granadilla, la orilla oeste del mismo.
Bajo las aguas del embalse quedó el cementerio viejo y el puente que cruzaba el río Alagón y el del arroyo Aldovara.
A partir de aquí, el consabido expolio, saqueo y abandono absoluto del pueblo.
En el año 1980, cuando llevaba quince años vacío, el pueblo fue declarado Conjunto Histórico-Artístico. ¿un pueblo totalmente amurallado y con castillo y a nadie se le había ocurrido esta decisión antes?
En el año 1985 fue elegido junto a Búbal (Huesca) y Umbralejo (Guadalajara) por los ministerios de Obras Públicas, Agricultura y Educación como objetivo del Programa Educativo para la Recuperación de pueblos abandonados en el que jóvenes estudiantes de toda España vivirían en contacto con el mundo rural, donde los alumnos ayudarían en el levantamiento de muros y edificaciones, limpieza de huertos y jardines y cuidado de los animales, entre otras actividades, siempre en consonancia con el medio ambiente. Fue en 1990 cuando este proyecto empezó a funcionar y desde entonces se han rehabilitado y restaurado diversas edificaciones de la calle Mayor, y de la Plaza Mayor que sirven de usos múltiples y actividades diversas.
Los granadillanos que se fueron y sus descendientes se reúnen dos veces al año para recordar y confraternizar; tienen libertad para moverse por el pueblo: el 15 de agosto (la Asunción, patrona del pueblo) y el 1 de noviembre (Todos los Santos).
El resto del año tiene horario de visitas y no se puede entrar fuera de esas horas.
Horario de visitas: Mañanas de 10 h. a 13 h. Tardes de 16 h. a 18 h. (hasta las 20 h. en verano). Lunes cerrado.
Para todos los amantes de la despoblación, resulta imprescindible visitar esta villa (y para los que no lo son, también).

Visitas realizadas en julio de 1993 y julio de 2011.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Entrada al pueblo. Puerta de la villa.




La calle Mayor vista desde la Puerta de la Villa.




El autor del blog en la calle Mayor en 1993. Había empezado la rehabilitación del pueblo, se había limpiado de maleza la calle, las viviendas todavía conservaban la fisonomía original.



El mismo tramo de calle en la actualidad: las viviendas ya han sufrido "un lavado de cara", se ha arreglado el empedrado de la calle y la caída de aguas central.



Calle Mayor, llegando a la plaza.




Plaza mayor de Granadilla. Antiguamente era de cemento, sustituida ahora por esos jardines que desvirtúan un poco la fisonomía original. Tenia dos moreras que daban buena sombra en verano. Por lo general, aquí en la plaza se hallaban las casas más pudientes del pueblo. La mayoría de las casas se rehabilitó sin respetar el modelo original, excepto en algunas fachadas.




Foto cedida por Félix Pinero.

Familia granadillana a principios de los 60 en la Plaza Mayor. Detrás el edificio del ayuntamiento.




El mismo lugar cincuenta años después. El café-bar Angelito a la izquierda, la actual casa de las Conchas en el centro, fue propiedad de familiares del poeta Gabriel y Galán, quedando el ayuntamiento a la derecha.



El café-bar Angelito. Antiguamente eran dos viviendas que, con la remodelación actual, se han convertido en una.
"Era la casa de mis padres, Sebastián Pinero Guerrero y Narcisa Sánchez Carrero, fallecidos en 2003, donde nacimos los cuatro hermanos y que abandonamos el 6 de agosto de 1965 para venirnos a Cáceres. Era bar, posada para maestros/as. lugar de reunión para charlas de café y echar partidas, especialmente los domingos. Se despachaba carne fresca los domingos y festivos (corderos), que adquiría y sacrificaba mi padre y que había que vender al día porque no había frigorífico al no existir la luz eléctrica. También despachaba carne de cerdo y sus jamones que, de cuando en cuando, sacrificaba. En los últimos años, cuando iba a Plasencia en su vehículo de servicio público (taxi), traía alguna caja de sardinas que se vendía el mismo día. Era el único pescado, junto a los peces y anguilas de río, que se consumía en el pueblo". FÉLIX PINERO.



Rótulo en pizarra terrosa en el suelo situado a la entrada de lo que un día fue el café-bar Angelito. Vestigio del pasado.
"En honor de mi hermano mayor, de nombre Ángel, que se lo dedicó su padrino, albañil de profesión, Rosendo López Carrero". FÉLIX PINERO.



Viviendas de la plaza mayor, rehabilitadas de forma distinta a su construcción original. El minarete de color amarillo era propiedad de Isidra Carrero y la vivienda de color vino tinto eran dos viviendas antiguamente, propiedad de los hermanos Jiménez (Feliciano y Esteban), la de Feliciano fue tienda en los años de vida de Granadilla.




Lateral de la plaza. La casa-cuartel a la izquierda (siempre hubo un destacamento de ocho guardias que fueron trasladados a Zarza de Granadilla a comienzos de los 60) y a la derecha, las escuelas de Granadilla; Abajo estaba la de niñas y arriba la de niños.




La calle de la iglesia, rebautizada en la actualidad con el nombre de la Ascensión. A la derecha la casa del tío Celedonio Hernández, el Molinero.




La iglesia parroquial de la Asunción. Construida en el siglo XVI, fue el único edificio que no se pudo expropiar debido a la negativa del obispo de Coria. El retablo del altar mayor desapareció y nunca más se supo de él.




Fachada posterior del templo parroquial.




La tahona, propiedad de Eustaquia Pérez Calvo, donde se hacía el pan diario, hornazos y bollos de Pascua, además de dulces.



Calle de la Iglesia, actualmente de la Ascensión.




Calle Mayor, bajando hacia la puerta de la Villa.




Foto cedida por Félix Pinero.

Calle de Granadilla a principios del siglo xx. La casa rectoral a la izquierda y el castillo de frente.




Castillo de Granadilla en la actualidad. Construido por la Casa de Alba en 1473. Vendido en 1893 a Bartolomé Chamorro y Clemente. La Confederación Hidrográfica del Tajo pagó 800.000 pesetas a sus descendientes por la expropiación. Durante el siglo XX estaba abandonado y solo servía para juego a los niños. Sus estancias estaban muy deterioradas y no se podía acceder a ellas. En 1979 se acometió su rehabilitación terminándose dos años más tarde.



Vista desde el castillo, con la puerta de la villa y el arranque de la calle Mayor; por detrás, viviendas en estado ruinoso y a las que no llegó la restauración.



Vista desde el castillo. El pantano de Gabriel y Galán y la Peña de Francia al fondo.




Foto cedida por la Fundación Gregorio Marañón.

Visita del rey Alfonso XIII. Parada y descanso de la comitiva real en su camino hacia Las Hurdes en junio de 1922.



Aspecto exterior del castillo.




La casa rectoral. Restaurada y usada actualmente como comedor y cocina para los alumnos.




Calle Mayor, de camino hacia la Puerta de Coria.




Puerta de Coria y lienzo de muralla. La otra entrada que tenía la villa.




Calle del Hospital. Llamada así porque parece que hubo en tiempos pasados un hospital un poco más abajo.



La misma calle en sentido inverso.




Calle de Santo Tomás.




Calle de la Agricultura.




Las Longueras. Huertos intramuros situados entre las viviendas y las murallas.