Villalbilla (Cuenca)


Agradecimiento para Javier Ballesteros Higueras, ameno y agradable informante recorriendo en su compañía las calles de su pueblo en una fría tarde invernal. Multitud de recuerdos y anécdotas a cada paso.

Antiguo pueblo de renteros, fue propiedad de doña Amparo Eraso Lledó, al igual que los vecinos pueblos de Nohedas y Sacedoncillo. Ya bien entrado el siglo XX sus habitantes compraron las casas y las tierras a los descendientes de doña Amparo.
Diecinueve viviendas conformaban Villalbilla alineadas casi en su totalidad a lo largo de una calle. Tenían sus campos cultivados de cereal (trigo, cebada, centeno). Rebaños de ovejas mantenían cada casa y solo una cabra podían tener por familia, debido a que estas se comían las hojas de las carrascas que había en el monte el cual era privado.
Celebraban las fiestas patronales para San Pedro el día 19 de junio. Duraban tres días y contaba con gran presencia de gentes de pueblos vecinos.

"Subía gran cantidad de gente desde el Villar de Domingo García y de otros pueblos, en el baile no se cogía en la plaza de la cantidad de parejas que había bailando, por lo que se llegaba a bailar también en una plazuela adyacente. Se bailaba al son del acordeón del tío Vitorino de Villar del Saz, otros años eran dos hermanos de Jabaga que tenían una sastrería en Cuenca, los que venían a tocar con bombo y acordeón.
Se invitaba a comer a todos los familiares y amigos a las casas e incluso ningún forastero se quedaba sin comer, me acuerdo que mi madre nos decía que nos asomáramos a la calle por ver si había alguien que no tuviera ninguna casa donde comer para invitarle a entrar.
Se pasaba muy bien y había un concurso que era acertar al gallo, en el que se enterraba un gallo dejándole solo libre la cabeza, los jóvenes previo pago de una moneda y desde cierta distancia le tiraban piedras a ver quien le acertaba, era muy difícil pues el gallo al ver venir la piedra con un ágil movimiento de cuello la esquivaba, por lo que había que ir acortando la distancia hasta que alguno conseguía darle. Buenas partidas de bolos se echaban también y no solo en fiestas sino todos los domingos". JAVIER BALLESTEROS.


Se hacia otra fiesta el primer domingo de Cuaresma dedicada a Santa María Magdalena, donde se hacia un subastado de productos (trigo, pollos, patatas, manos de cerdo, etc) y con lo obtenido se oficiaban varias misas para las animas benditas del pueblo.

"Un año en estas fiestas de María Magdalena apenas si quedábamos ya tres familias en el pueblo y ese día cayó un nevazo muy grande por lo que no pudo llegar nadie de fuera, solo vino el cura que ofició una misa y luego nos reunimos todos en una casa a comer". JAVIER BALLESTEROS.

La Nochebuena era muy celebrada en Villalbilla

"Se traían tres carros de leña de carrasca y se hacia una gran hoguera en una de las plazas, era inmensa y solía durar hasta 15 días, allí nos reuníamos todos y cantábamos villancicos y comíamos de los dulces que habíamos obtenido de ir pidiendo el aguilando casa por casa (rosquillas, mantecados, etc). Si no daba tiempo de hacer la ronda del aguilando por todas las casas se continuaba al día siguiente". JAVIER BALLESTEROS.

El cura venia de Villar de Domingo García (Don Rogelio), primero en una mula y más tarde en bicicleta. Del mismo pueblo venia el médico (Don Maximino), llegaba en coche hasta el desvío de la carretera general y luego se venía andando el último tramo.
Al Villar se desplazaban los villalberos para realizar las compras pues allí había bastante comercio y también iban allí a por agua, uno de los principales problemas de Villalbilla, la fuente que había no era potable y tenían que ir a buscarlas con las caballerías al Villar, a Nohedas o a Fuentesclaras indistintamente.
A la falta de agua se unió la mecanización del campo que motivó que no hubiera trabajo para todos y así los villalberos se fueron marchando principalmente a Cuenca y a Valencia.
La emigración ya hacía tiempo que rondaba por Villalbilla hasta que llegó el final definitivo.

"En el año 1978 ya solo había tres casas abiertas y el panorama no era muy prometedor, el problema del agua estaba ahí y a ello se unía que los chicos ya tenían que ir a la escuela de Villar, por lo que las tres familias nos marchamos casi a la vez: nosotros (Javier y Dionisia), junto con Desiderio y Eulalia nos bajamos al Villar y los de la otra casa, Félix y Amparo marcharon para Cuenca".
JAVIER BALLESTEROS.


A partir de aquí, solo soledad y silencio y el ya consabido expolio tan brutal en algunos lugares, aquí se llevaron hasta las tejas lo que aceleró de manera considerable el proceso de ruina del pueblo. Todavía algunos años después de marcharse se seguían reuniendo los vecinos para las fiestas, conmemoración que dejó de hacerse años más tarde.


Visita realizada en compañía de Javier Ballesteros en enero de 2011.


PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

La iglesia parroquial. De las dos campanas una se fue al Villar de Domingo García y la otra a la parroquia de San Fernando en Cuenca. Adosada a la iglesia estaba la escuela, que antiguamente fue un granero.



Interior de la iglesia. Altar mayor dedicado a Santa María Magdalena, y dos altares laterales (San Antonio y San Pedro). De los santos nunca más se supo.



Interior de la iglesia. Púlpito resquebrajándose, al fondo el coro y la subida al campanario.




Cementerio, iglesia y escuela.




Vista parcial del pueblo desde la puerta de la iglesia.




Calle Real. Una sombra de lo que fue antaño.




La calle Real vista desde la otra esquina.




Plaza mayor de Villalbilla. Muros caídos de la fragua en el centro. Debajo de la parra, en la casa de la izquierda se situaba el acordeonista en las fiestas.



La casa del tío Adolfo a la izquierda y la del tío Epifanio a la derecha asoman sus fachadas a la calle Real.



Como también lo hacen la casa del tío Francisco a la izquierda y la del tío Félix ya caída a la derecha.




Los restos de la casa del tío Félix hacen esquina en esta parte de la calle Real.




La casa del tío Mariano y otro grupo de casas ya reducidas a escombros. Había aquí un azulejo ya desaparecido en la fachada donde ponía: Villalbilla- calle Real.




Al otro lado de la calle Real se encontraban entre otras la casa del tío Cesáreo y la casa del maestro.

Yuba (Soria)


Agradecimiento para Vicente García Cruz, agradable informante del pueblo que le vio nacer y donde discurrió su infancia. Añoranza del pueblo en la distancia.

Fantástico y enigmático este escondido pueblo de Yuba. Enclavado en un paraje recóndito de gran belleza, se sitúa encaramado sobre una loma encima del barranco que forma el arroyo Valladar en su búsqueda del río Jalón. Precioso lugar este antiguo pueblo de renteros, sus habitantes pagaban la renta a un cura residente en Medinaceli, sin que se supiese con exactitud quien era el propietario del pueblo y de las tierras, algo que venía de siglos pasados.
Doce viviendas conformaban Yuba, dedicadas sobre todo al pastoreo de las ovejas, su principal fuente de recursos, del que aprovechaban los corderos para su venta a carniceros de Medinaceli y su posterior traslado a Barcelona.
La agricultura se componía casi en su totalidad de trigo y cebada aparte de los pequeños huertos para consumo propio. Otros recursos complementarios en la economía de los vecinos eran las nueces y las perdices. Nogales había en gran número junto al pueblo, de tal manera que muchos vecinos las vendían o bien las intercambiaban en fanegas por otros productos con gente de pueblos cercanos. Las perdices abundaban en sus montes, y en menor medida los conejos y liebres, y como casi todos los yubatos eran aficionados a la caza no faltaban estas aves en las cazuelas de las casas.
El 24 de agosto celebraban las fiestas patronales en honor a su patrón: San Bartolomé, con una procesión por el pueblo, una misa y el baile como actos principales. Baile que se realizaba en una era o en la pequeña explanada delante de la ermita, amenizado por la guitarra y la bandurria con músicos venidos de Beltejar.
De Corvesin, Valladares y Blocona se desplazaban familiares y amigos para acompañar en la fiesta. Eran típicas las tortas amarillas que se acompañaban de vino rancio o anís.
El 24 de septiembre celebraban la fiesta pequeña (San Bartolillo).
El cura (don Segundo) venía desde el pueblo de Medinaceli.
De Beltejar venia el médico en casos extremos. De este mismo pueblo solía venir un vendedor ambulante (Narciso) con una mula vendiendo fruta, chocolate, jabón, azúcar y otros productos y a su vez compraba huevos. Otro vendedor solía venir desde Jubera vendiendo ropa. De Maranchón (Guadalajara) venia el tío Ceronero a comprar cerones (residuos de los panales de la cera).
El cartero (tío Celedonio) recogía la correspondencia en Medinaceli y la repartía andando por Valladares, Las Llanas, Yuba y Corvesin.
Por el camino de Corvesin, principal salida hacia el exterior se desplazaban los yubatos a Medinaceli a realizar compras grandes, a pagar la renta o para coger el tren cuando tuvieran que hacer algún desplazamiento largo. Este mismo camino utilizaban para llegar al pueblo de Lodares a cuyo molino iban a moler el grano. Por la otra salida se dirigían a Blocona donde estaba la fragua para cualquier apaño que les tuviera que realizar el herrero.
Yuba tenía su vinculo con el misterio como cualquier otro pueblo y así en sus inmediaciones se encontraron huesos humanos, monedas de la época de los Reyes Católicos y en el camino de Corvesin había un lugar llamado la Cueva del Bosque, con una entrada a gatas de unos dos metros y luego una amplia estancia donde se podía poner en pie y hasta donde llegaron en más de una ocasión los jóvenes del pueblo, pero de donde no se atrevieron a seguir por el interior a ver hacia donde llegaba por no tener medios adecuados para hacerlo. Tampoco faltaban en las inmediaciones del pueblo lugares de resonante entonación como el Risco de la Peña del Perro o la fuente de la Peña la Mora.
A pesar de vivir en un lugar de gran belleza la vida aquí era muy dura y fue lo que determinó la marcha de los vecinos.

"Vivir en Yuba era bastante duro, los inviernos eran muy fríos con abundantes nevadas, los caminos eran de caballería y estábamos mal comunicados, las tierras eran malas para la agricultura y las ovejas estaban en las parideras un poco retiradas del pueblo y había que ir a atenderlas diariamente. La luz eléctrica nunca llegó al pueblo, nos iluminábamos con los candiles de aceite y de carburo. En el año 58 nos marchamos nosotros y apenas quedaron seis familias en el pueblo que fueron marchando acto seguido, hacia el año 60 y 61 ya se quedó vacío el pueblo". VICENTE GARCÍA.

La gente se repartió por varios sitios, unos se fueron para Madrid, Zaragoza, Barcelona, Arcos de Jalón y a los pueblos de colonización como Frula (Huesca) y Ontinar del Salz (Zaragoza).
Así sucumbió este pueblo al abandono, aunque en años posteriores se siguieron reuniendo los antiguos vecinos el día de la fiesta donde se oficiaba una misa en la ermita para después hacer una comida campestre junto a la fuente a base de costillas y sardinas a la brasa, acto que se perdió con el paso de los años. El pueblo lo adquirió un particular de Medinaceli años después y se ha venido utilizando como coto de caza y refugio de cazadores.

Lodares y Valladares,
Las Llanas y Corvesin,
hacen un concejo ruin,
y al lado esta Yuba,
que para nada les ayuda.



Visitas realizadas en marzo de 1996 y septiembre de 2010.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Vista del pueblo llegando por el camino de Corvesin.




Vista del pueblo al pie del barranco desde el camino de Blocona.




Entrada al pueblo por el camino de Blocona.




La escuela de Yuba. Una docena de niños aproximadamente acudía a ella.
Doña María Leal, de Madrid fue la maestra que impartió enseñanza los últimos años aquí. Fue además la que trajo el primer transistor a Yuba, lo que significó un pequeño acontecimiento para el pueblo.



La ermita de San Bartolomé con el cementerio anexo.




Pequeña calle que se forma entre la ermita y la casa del tío Mariano.




La ermita de San Bartolomé y la casa de la maestra.




La casa de la maestra al final de la calle.




Calle principal de Yuba, en primer término la ermita, a mitad de la calle las zarzas y la maleza impiden el paso y han taponado la entrada a la casa del tío Juanito.



La casa del tío Mariano.

"Mi padre era una persona muy querida por toda la gente, muy amable con todo el mundo. Aquí se venía la maestra por las noches, los vecinos se reunían aquí a jugar al guiñote (juego de cartas), pernoctaba también el cura y la pareja de la guardia civil cuando andaba de ronda por Yuba, hasta un mendigo que le decían Pobre Sombrerillo se le daba alojamiento en el pajar".
VICENTE GARCÍA.




La casa del tío José cierra la calle en su parte de arriba.




Calle de Yuba. La casa del tío Miguel a la izquierda y la del tío Eustasio a la derecha.




Subiendo desde el río.




La fuente de Yuba, nunca dejó de dar agua ni siquiera en verano.




El sobrante de la fuente era canalizado hacia la balsa que servía para regar los huertos del pueblo.

Pardos (Zaragoza)


Agradecimiento para Policarpo Aranda, su mujer Carmen Aranda, su hija Mari Carmen Aranda y para Aurora, todos ellos antiguos vecinos de Pardos. Encantadora tarde pasada en su casa de Abanto rememorando tiempos pasados de su pueblo. Multitud de recuerdos.
Agradecimiento para Mariano Calejero, exquisito informante de Pardos, donde están muchos recuerdos de su infancia y del que habla con verdadero cariño a la vez que con tristeza por ver el camino hacia la nada que lleva su pueblo.


Otro de los pueblos míticos de la despoblación en España, por su ubicación, envergadura, belleza y por ser noticia en varios medios de comunicación en los años 90 (Televisión, El Periódico de Aragón, Interviú) debido a un singular personaje que vivió varios años en el pueblo después de que se hubiera quedado vacío.
Un paseo por sus calles y plazas nos permite imaginar la belleza pasada de sus edificaciones en este recóndito lugar, en el que a pasos agigantados la maleza y los escombros van recortando cada vez más su fisonomía.
Cuarenta viviendas componían este pueblo, pedanía de Abanto, situado en la embocadura de un barranco que forma el arroyo Trescastillo entre medias de un farallón rocoso en su salida hacia el arroyo de la Veguilla.
Trigo, cebada y centeno conformaban los principales cultivos en sus campos y por sus montes pastaban rebaños de ovejas y cabras, de las que se hacia un exquisito queso de cabra para consumo y venta en Munébrega y Olvés, así como los corderos que se llevaban a Abanto para venderlos a carniceros llegados de Calatayud y Calamocha.
Abundante caza había en sus montes sobre todo de perdices, conejos y liebres, así como muchas carrascas de las que se extraía leña para consumo propio y para vender a pueblos como Abanto, Monterde y Munébrega que andaban más escasos de ella.
Bien surtidos de fiestas estaban los pardeños, hasta en número de cuatro celebraban al año.
Las fiestas patronales eran el 31 de agosto en las que honraban a San Ramón. Fiestas muy concurridas, pues venia gente de Abanto, Castejón de Alarba, Acered y Cubel entre otros pueblos. Procesión con el santo por las calles del pueblo, misa y el rosario eran los actos religiosos, quedando para los actos festivos el baile y los concursos, entre los que se encontraban las carreras pedestres también llamadas carreras de pollos, por ser ese el regalo que se daba a los vencedores. También se celebraba una carrera muy típica en la comarca como eran las carreras de burros, que se hacían sin albardas y con el jinete del revés.
Los músicos de Cimballa eran los encargados de amenizar el baile en la plaza por la tarde. Tambor, clarinete, saxofón entre otros instrumentos eran los utilizados por esta orquesta. Este baile era organizado por el ayuntamiento y por la noche se organizaba otro baile en el interior de alguna de las dos tabernas sufragado por estas y aquí venían los músicos de Munébrega a tocar con guitarra y bandurria.
El 25 de noviembre celebraban a Santa Catalina subiendo hasta la ermita de dicho nombre, a la que iban en procesión al compás de la música procesional y con los pendones por delante, en la ermita celebraban una misa y acto seguido bajaban al pueblo donde las cofradías invitaban a un vermouth, por la tarde hacían el baile en la plaza con los músicos de Cimballa. También había costumbre de hacer una gran hoguera donde se asaban unas suculentas morcillas.
El 17 de enero le tocaba el turno a San Antón, subían en procesión a la ermita y allí celebraban una misa para bajar otra vez al pueblo, donde nuevamente las cofradías invitaban a un vermouth y por la tarde el baile en la plaza.
El 25 de abril hacían la romería a la ermita de la Virgen de Guía al Guerrero situada en el pueblo de Cubel, solo iban andando los que portaban los pendones, el resto iban en cualquier tipo de caballería. Al llegar se les obsequiaba con rosquillas y vino. Allí celebraban una misa y recitaban los célebres gozos a la Virgen de Guía al Guerrero, después realizaban una comida campestre alrededor de la ermita y por la tarde vuelta a Pardos.
De Abanto venia andando el cura (don Natalio) a efectuar los oficios religiosos, de este pueblo también venia el médico y el herrero. El camino a la inversa lo hacían los pardeños para moler el grano en el molino de Abanto, así como para coger el coche de línea.
El cartero (Manuel) venia andando desde Acered a repartir la correspondencia. A la jubilación de este al poco de terminar la guerra civil el correo llegaba a Pardos por el cartero de Abanto. Pablo subía todos los días andando, tarea que más tarde desempeñó su hijo, también de nombre Pablo.
Las reuniones o juntas de vecinos se hacían en la escuela.
El pueblo era muy frecuentado por gentes de paso como los vendedores ambulantes, tal es el caso del tío Pepe de Monterde que iba con una mula vendiendo ropas y sábanas, el tío Alejo de Munébrega vendiendo vajillas o los alfareros de Villafeliche, también aparecían por allí los de Campillo de Aragón para comprar lanas y pieles.
Muy curioso era el llamado "tren de Pardos" que consistía en una reata de burros y mulas del tío Colás cargadas de leña que había cogido en el monte de Pardos y la llevaba a vender por los pueblos cercanos.
Llegaron a contar con luz eléctrica en los últimos años de vida en el pueblo, pero hubo un factor determinante para que los pardeños se fueran marchando del pueblo.

"La falta de una carretera que nunca llegó, que nos hubiera sacado un poco del aislamiento que padecíamos, nos teníamos que desplazar a menudo a Abanto y teníamos una hora de camino andando y algo más a Acered, había que ir al médico por ejemplo y en invierno era muy dificultoso, así que a pesar de que aquí se vivía bien tuvimos que dejarlo todo para irnos a otro sitio y empezar de cero. Una carretera a tiempo no habría hecho desanimarse a la gente y más de uno habríamos seguido en el pueblo".
POLICARPO ARANDA Y CARMEN ARANDA.

"Cuentan mis padres y más gente de Pardos que hasta en dos o tres ocasiones estuvo marcada la carretera para hacerla, incluso hasta había partida presupuestaria, pero hubo algunos que se opusieron. Por supuesto no eran de Pardos claro. Hicieron una pista más o menos transitable cuando el pueblo estaba ya prácticamente deshabitado. ¿Y para que sirvió? Para que la gente de los pueblos cercanos pudiera entrar con remolques y desvalijaran las casas. En casa de mis padres se llevaron todo, hasta la forja de las ventanas".
MARIANO CALEJERO.


Los pardeños emigraron principalmente a Abanto, Zaragoza y Barcelona.
Manuel Gómez y Adelina López fueron los últimos en marchar de Pardos en los albores de 1980 marchándose a Abanto.
Pero un hecho significativo vino a sacar a Pardos de su letargo, como fue la llegada al pueblo del archiduque de Austria Hugo de Habsburgo hacia el año 1995.

"Este hombre se encontraba pasando una temporada en el Monasterio de Piedra y allí le informaron de que había un pueblo abandonado cerca, Hugo iba buscando una temporada de retiro espiritual, vino a ver el pueblo y allí se quedó.
Nunca se me olvidara la primera vez que le vi, había ya rumores de que alguien muy extraño estaba viviendo en Pardos, y un día fuimos por el pueblo mi marido y yo y allí nos lo encontramos, estaba lavando la ropa en la fuente, ahí dio comienzo a una grandísima amistad con nosotros que siguió manteniéndose por correspondencia años después de su marcha.
A nuestra casa de Abanto venia muy a menudo, a lo mejor se quedaba hasta la una o dos de la mañana y se iba para Pardos a esa hora, otras veces nos acompañaba a Calatayud. Era una persona excepcional, adelantado a su tiempo, con una bondad infinita y una cultura superior, sabedor de varios idiomas y dispuesto a ayudar a cualquiera, al principio como era normal causó un poco de recelo entre las gentes de Abanto y de los pueblos de alrededor, pero en seguida se ganó la simpatía de todo el mundo.
El señor Manuel (el último vecino que vivió en Pardos), le cedió su casa en Pardos y un huerto cercano, alguien le regaló una cabra, y con eso le era suficiente para vivir, con lo que cultivaba, la leche y obsequios varios que le hacia la gente, hay que decir que era una persona que estaba muy bien respaldado económicamente por su familia pero no le hacía falta. Allí estuvo dos o tres años hasta que dio un nuevo giro a su vida y se marchó".
MARI CARMEN ARANDA.

"Con el archiduque solo he coincidido dos o tres veces que fui con mi padre a dar una vuelta, o buscar setas, si no te conocía era muy reservado, pero lo recuerdo como una persona muy educada, culta y amigo de la naturaleza. En una de esas ocasiones después de haber estado con mi padre buscando setas, a la hora de comer hicimos una fogata en una era y nos asamos unas costillas y unos chorizos, cuando nos vio Hugo se acercó, nos saludó y hablamos un rato, mi padre le ofreció repetidamente que cogiera "un bocao pa echar un trago", ¡¡pero hombre tu sabes lo bueno que esta así a la brasica!! no hubo manera, al final se cogió unas naranjas que llevábamos, él era vegetariano".
MARIANO CALEJERO.


En la actualidad un grupo de personas intenta sacar a Pardos del olvido y han creado la Asociación de Amigos de Pardos para luchar por mantener vivo el espíritu del pueblo. Todos los pardeños se reúnen el mes de junio en la restaurada ermita de San Antón y allí celebran una misa y una comida de confraternización.


Visitas realizadas en marzo de 2009 y noviembre de 2010.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Pardos visto desde la Cuesta de los Trapos.




Entrada al pueblo.




La calle de San Francisco.




La plaza mayor de Pardos, a la izquierda la casa del tío Carlos, de ladrillos de adobe, de frente la casa del tío Dámaso y a la derecha la escuela con el tejado ya hundido. A este lado se encontraba el frontón que un día de mal tiempo se cayó.
"Estábamos los niños en el Portejado porque era un día muy desapacible, con viento y lluvia, y vimos de repente como se desplomaba la pared del frontón, hubo suerte de que no le cayera a nadie encima. Durante mucho tiempo estuvieron los escombros en la plaza". MARIANO CALEJERO.



La escuela de Pardos, nada queda prácticamente de ella, situada en la planta de arriba, se accedía a ella por una escalera con barandilla. Junto a la puerta estaba el buzón de correos.
"De la escuela recuerdo que era un espacio cuadrado, entrando a la izquierda había un armario donde se guardaban los libros y material escolar, seguido en la pared de la izquierda una ventana grande que daba a la plaza, enfrente estaba la pizarra con la mesa de la maestra, luego en el centro de la escuela había una estufa de leña, y los pupitres en dos filas creo recordar, en la pared entrando a la derecha había otra ventana más pequeña que daba a la calle que bajaba al barranco. También recuerdo que las escaleras se arreglaron, se lució la pared, se cambio la barandilla y el buzón, quedando la entrada igual que era pero más lúcida y segura".
MARIANO CALEJERO




Foto cedida por Mariano Calejero

Alumnos y maestra en la entrada de la escuela. Hacia 1960.
"La maestra era natural de Monterde (Zaragoza). Estuve poco tiempo con ella, luego vino otra que se llamaba Sarita. Cada vez había menos alumnos, porque los mayores acabaron la edad escolar y otros se fueron a Zaragoza, al final quedamos solamente Mª Jesús (la niña que está en brazos de la maestra) y yo, lo que motivó el cierre de la escuela, por lo que nos tocaba ir a la de Abanto, imagínate cuatro kilómetros que había entre los dos pueblos. Yo tuve la suerte de que tenía una tía en Abanto (Adolfa) y en invierno me quedaba en su casa, bajaba los lunes y subía los viernes a Pardos. Más tarde mis padres me mandaron a estudiar a Zaragoza, viviendo en casa de unos tíos". MARIANO CALEJERO.



Angulo de la plaza conformado por la casa de la maestra (doña Aurora originaria de Zamora fue durante muchos años la que impartió enseñanza en Pardos). A la derecha, la casa del tío Dámaso, era posada, taberna y tienda. Se la conocía popularmente como el Portejado.



La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Una campana (la otra fue expoliada), la pila bautismal y los santos se consiguieron poner a buen recaudo y están en Abanto.



Interior de la iglesia. Hasta ocho altares laterales tenia además del altar mayor al fondo.
"Yo estuve de monaguillo algunos años y recuerdo que cuando subía Mosén Natalio a celebrar misa yo le esperaba en casa de mis tíos, él se quedaba un ratico en la lumbre calentándose, y me decía: anda Mariano vete a dar el primer toque, y yo... con más miedo que otra cosa cogía la enorme llave y para la iglesia me iba, abría la puerta y subía al coro, que era donde estaba la cuerda de la campana.
Este era el momento que más miedo pasaba, la iglesia estaba a oscuras, solo una pequeña luz roja al fondo en el altar, las escaleras para llegar al coro estaban nada más entrar a la izquierda, subía y bajaba las escaleras a tal velocidad que yo creo no llegaba a tocarlas con los pies. Ya para el segundo toque estaba más tranquilo, puesto que la tía María siempre llegaba al primer toque".
MARIANO CALEJERO.




La Cuesta del Horno, casa del tío Bienvenido.




La casa del tío Gato, barrio del Picazo, aquí sale el original camino que utilizaban los pardeños para desplazarse a Abanto. Enfrente de la casa, al otro lado del camino se divisa una piedra redondeada conocida como la ¨piedra del calvario¨. Era costumbre el día de Viernes Santo salir en procesión desde la iglesia hasta dar una vuelta alrededor de la piedra, volviendo luego por el mismo camino.



El invierno ha llegado a Pardos.




Calle Real.




Calle Real. La fragua en primer plano. José era el herrero, subía desde Abanto los domingos. Después de la misa era cuando se aprovechaba para arreglar algún apero de labranza o para el herraje de las caballerías. Curioso era el sistema de facturación de los trabajos realizados: el ¨albarán¨ consistía en una caña partida por la mitad, una mitad se la quedaba el herrero y la otra mitad el cliente. Por cada trabajo realizado el herrero hacia una muesca en las dos mitades. A final de año se echaban las cuentas, se confrontaban las dos mitades, una vez puestos de acuerdo el herrero cobraba y se rompían las cañas. A cada nuevo año vuelta a empezar con el mismo sistema.
A continuación la casa del tío Perico (vivía en ella el matrimonio formado por Pedro y Benigna).



La casa de la tía Juliana, era la otra taberna-tienda que había en el pueblo.




La casa del tío Manuel, la última que se cerró en Pardos, habitada años después por el archiduque Hugo de Habsburgo.




Foto cedida por Octavio Aylón Moliner.

Año 1995. Manuel Gómez y su nieto Octavio Aylón conversando con Hugo de Habsburgo.



La replaceta. Activa vida social se daba en este rincón pardeño.
La casa de la tía Isidora de frente. En ella vivía el matrimonio formado por Rosindo e Isidora con sus hijos.
Poyo de piedra junto a la puerta donde la gente acostumbraba a echar la tertulia o sentarse a la fresca. En la parte superior derecha había un reloj de sol muy apreciado por todos los pardeños. Solo la varilla que con su sombra marcaba la hora es lo que ha resistido al paso del tiempo. Nada queda de los doce radios numerados y pintados que había en el interior de la circunferencia.
Este era el lugar de encuentro de las mozas jóvenes, mientras que los varones les gustaba juntarse en la plaza mayor.



Calle del barrio de El Cantón, en la parte alta del pueblo.
 
    Ya llegamos al Cantón,
     al cantón del remolino,
donde se remolinea
   tu corazón con el mío




La casa de Ángel Calejero y Felisa Cortés. Barrio de El Cantón.
"Eran dos casas anexionadas, la nuestra y la de la tía Aneta, por lo que era una casa enorme, tenía varias alcobas, graneros, corrales, un pajar, bodega, la era justo detrás de la casa y unas parideras para las ovejas. En el año 62 mis padres cerraron esta casa y nos fuimos a vivir a una casa del tío Carlos, en la replaceta. ¿Por qué este cambio de casa?
Una noche mientras dormíamos, un largo estruendo nos despertó asustados, fue algo parecido a un terremoto, hizo que se moviera la casa, se asustó todo el pueblo, pero nosotros mas, sobre todo mi madre. Una enorme piedra se había soltado de la cantera del "palomar" y había rodado hasta casi llegar a nuestra casa, se quedó frenada en la era a dos metros de la casa. A raíz de aquello mi madre dijo que allí le daba miedo vivir, y nos trasladamos a la "replaceta".
En el 67 mis padres decidieron dejar Pardos y marchar a Zaragoza. Ya solo quedaban tres casas abiertas en el pueblo. Mis tíos (Eusebio y Enriqueta) "mis otros padres" ya se habían venido a Zaragoza, lo que supuso que el trabajo que antes hacían entre los cuatro, ahora era todo para mis padres. Mi padre tenía un rebaño de ovejas grande, y atender las ovejas y las tierras era mucho trabajo. Para "postre" mi madre estaba embarazada, un embarazo tardío, inesperado. Yo ya estaba viviendo en Zaragoza, por lo que decidieron venirse con la idea de que naciera aquí mi hermano y luego quizá volver, pero ya no hubo vuelta.
A mi padre le costó mucho el dejar Pardos, tenía un buen rebaño de ovejas y buenas tierras, además le gustaba su trabajo y nunca había salido a trabajar fuera y menos a Zaragoza, pero se adaptó de una manera extraordinaria a la ciudad y al trabajo, y mira que el trabajo era bien distinto, aquí tuvo que empezar trabajando de peón en una fábrica. Es una de las muchas cosas por lo que le admiro".
MARIANO CALEJERO.




La fuente de la Carrasca y transformador de la luz.




Foto cedida por Mariano Calejero


"La foto está hecha en agosto, en ella estoy con mi tía Enriqueta, que para mi era como una segunda madre, la quería muchísimo, lo mismo que ella a mi. Fue tomada por unos familiares de Zaragoza que estaban veraneando en el pueblo.
Recuerdo el momento perfectamente, era una mañana casi mediodía, con un sol de frente que calentaba pero bien, recuerdo el sonido del caño del agua y también el del sobradero que abría y cerraba con mi mano. A mí me habían puesto guapo para la foto con los "maripis" nuevos y una camisica a rayas marrones y blancas, tenía otra igual pero con rayas azules. Y mi tía (mi otra Madre), que no estaba morena, no,.. estaba bien negra de las jornadas interminables de trabajo que toda la familia realizaba, y más en esas fechas que era tiempo de segar, acarrear, trillar, aventar, etc... Pues mi tía también se puso bien guapa, se colocó su chaquetica, y ahí estamos los dos cogidos de la mano". MARIANO CALEJERO.




La restaurada ermita de San Antón.




No ha corrido la misma suerte la ermita de Santa Catalina situada junto a los restos de una torre de origen musulmán.



El peirón de la Olma, situado a unos 300 metros del pueblo en el camino que viene de Acered.