Clamosa (Huesca)

Pueblo situado en un escarpado cerro en elevada posición sobre el río Cinca por su lado izquierdo.
Perteneciente al municipio de La Fueva, fue cabecera de ayuntamiento antes de su despoblación. Lo formaba junto a los pueblos de Trillo, Salinas de Trillo, Lapenilla y Caneto.
Alrededor de veinte viviendas dieron forma a este precioso núcleo sobrarbense. Además contaba con tres ermitas en su entorno.
Los olivos eran su principal fuente de riqueza. Había un molino de aceite junto al río Cinca. Pertenecía a casa La Selva pero las demás familias participaban en sociedad.
Lo mismo ocurría con el molino harinero. Eran los de Casa Cabrero los que más participación tenía pero las demás casas también hacían uso de él en sociedad.
Sembraban también trigo, centeno y cebada predominantemente en cuanto a cereal y también viñas en las zonas más llanas.
El otro medio de vida lo conformaba la ganadería (ovejas y cabras).
Ello se complementaba con la caza (conejos, liebres, perdices) y la pesca en el Cinca (barbos, madrillas, angulas, truchas).
La luz eléctrica llegó a las casas de Clamosa a mediados de los 50 por una linea proveniente de Guaso (Fuerzas Eléctricas del Ara). Atrás quedaron los candiles de aceite primero y de carburo después.
Hubo también una cantera de yeso y otra de cal en las inmediaciones del pueblo, pero ya en los años 50 no estaban en funcionamiento.

Celebraban las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Asunción, el día 15 de agosto (en los últimos años se cambiaron al día 20 para evitar la coincidencia con diversos pueblos de la comarca que celebraban la fiesta el día 15, lo que acarreaba la dificultad de encontrar músicos para esas fechas).
Duraban dos días y en ellos los actos principales era la misa, la procesión, la ronda por las casas donde se cantaban jotas y se obsequiaba a la comitiva con bebida y pastas.
En la comida se mataba un cordero y unos pollos para compartir con familiares y allegados en la comida. Por la tarde tenía mucha tradición los partidos de frontón en la plaza, quedando el baile para la tarde-noche (dos sesiones, antes y después de cenar).
La fiesta pequeña era el día 17 de enero, en honor a San Antonio. Se hacía una misa en la ermita del mismo nombre y a continuación se repartía la torta de Caridad que previamente había sido bendecida.
Luego se hacía la subasta de productos (roscos, conejos, longaniza, etc) que habían donado los vecinos previamente.
Por la tarde y por la noche sesión de baile.
En abril iban de romería hasta el santuario de la Virgen de Bruis, en termino de Palo. Centro devocional de La Fueva. Tres horas se tardaba andando desde Clamosa. Jornada de gran afluencia de todos los pueblos del contorno. La misa y la comida campestre eran los actos principales. Por la tarde vuelta para Clamosa.
Los domingos por la tarde se hacía baile con gramola a nivel local en casa Bergua.

El cura venía primero de Escanilla y más tarde de Abizanda.
El médico venía desde Graus. Al respecto Mercedes Pesque da algunos detalles:
"Durante muchos años fue el doctor Perz. Residía en Graus. Se le pagaba por el sistema de iguala. Si el enfermo iba a su consulta no cobraba la visita pero si el doctor se tenía que desplazar al pueblo del enfermo si había que abonar el desplazamiento.
Para avisar al médico había que bajar a la Caseta Olivera donde estaba el teléfono, mientras que otra persona se desplazaba a Pano con una caballería para esperar allí al médico y llevarle hasta Clamosa, acto seguido se le volvía a llevar de vuelta.
El doctor Perz conocía bien a todas las familias por lo que en muchos casos era un familiar del enfermo el que iba hasta Graus, le explicaba los síntomas al medico y este recetaba los medicamentos que se compraban allí en Graus, en la farmacia. Casi siempre acertaba.
Cuando se jubiló le sucedió el doctor Blanco, que también residía en Graus. En los últimos años de vida del pueblo, el médico venía de Perarrua. A mi me tocó ir una vez hasta aquel pueblo (4 horas), por un camino que era más bien una senda para que me hiciera un certificado médico que me pedían para ir a Barcelona".

Había cartero en Clamosa, era de Casa Chia. Recogía la correspondencia en Salinas de Trillo y la repartía en Trillo, Lapenilla, Puy de Cinca y Clamosa.
Los lunes era día de mercado en Graus al que acostumbraban a ir para abastecerse de productos que no tenían en el pueblo (ropa, calzado, herramientas, semillas, alimentos, etc), así como para vender excedentes de productos agrícolas y animales de granja. Hacían el desplazamiento en caballería y tardaban alrededor de cinco horas.

Al otro lado del río Cinca estaba la carretera más cercana (la de Ainsa-Barbastro). Era la manera más "fácil" de llegar en vehículo lo más cerca posible de Clamosa o también para coger el coche de linea que por allí pasaba. Tenían que bajar hasta la caseta Olivera (a una hora del pueblo) pero como no había puente tenían que salvar el cauce del río Cinca y ello lo hacían por medio del "cajón de Clamosa", un cajón grande de madera con asientos que estaba colgado de cables por encima de las aguas. En cada orilla había unos anclajes fijos y se tiraba del cable según al lado que quisieras pasar (Caseta Olivera en el lado de Clamosa o Casas de la Barca en el lado de Abizanda). Un sistema rudimentario pero que era el más sencillo para pasar al otro lado. Años más tarde construyeron la pasarela de Lapenilla que permitía el paso a las caballerías, pero les quedaba más retirado a los clamosinos, lo mismo que el puente de piedra de Mediano aguas arriba.

La construcción del embalse de El Grado llevó a la Confederación Hidrográfica del Ebro a expropiar el pueblo de Clamosa. Una expropiación voluntaria (pero en cierto modo forzosa) al quitarles las mejores tierras de cultivo junto al río y quedarse incomunicados al suprimirse lógicamente el paso del cajón elevado sobre el Cinca y no construir una carretera como alternativa para conectarse con la otra orilla.
La emigración que en los años 50 se había ido llevando a los más jóvenes, acabó por sacar "a la fuerza" a todos los clamosinos en los años 60.
Barbastro y Barcelona fueron dos de los destinos preferidos para iniciar una nueva vida.
Clamosa se mantuvo con vida hasta 1969 en que cerró su puerta la familia de casa El Pon, Joaquin Pesque y Mercedes Sánchez con tres de los cinco hijos que tuvieron. Así lo cuenta Mercedes Sanchez:
"Los de Latorre y nosotros fuimos los últimos en salir de Clamosa porque aún no habíamos cobrado todo lo de la expropiación. Los de Latorre se fueron un poco antes y al final solo quedaron mis padres y hermanos. Cerraron la casa en mayo de 1969 y se vinieron para Barcelona donde estábamos otro hermano mío y yo. Toda la familia se adaptó muy bien al cambio tan brusco que suponía pasar de vivir en un pueblo aislado de montaña a una gran ciudad como era Barcelona. Siempre me sentí muy orgullosa por ello.
Mis padres nunca volvieron a Clamosa. Mi padre no quiso volver. Primero había que ir andando y cuando hicieron la pista el pueblo sufrió un gran expolio y pensamos que a mi madre le causaría un gran sufrimiento ver el saqueo que se había producido en el pueblo. Ella era la heredera, había recibido el patrimonio de su padre y sería muy cruel para ella ver en lo que había quedado convertida la casa cuando pasaron los expoliadores. Resulta que un anticuario les compraba la puerta, le gustaban los clavos que tenía que eran antiguos y hechos a mano. Mi madre no quiso venderla y dijo que quería dejar la casa cerrada, la llave se la trajo para Barcelona. Cuando yo volví por primera vez habían arrancado la puerta, habían saqueado todo lo que encontraron en el interior y se llevaron las tejas de los tejados. Mejor que mi madre no lo vio.
¡Para eso sirvió la pista que hicieron cuando ya nos habíamos ido todos!".


Fuentes de información:
"Mi infancia en Clamosa" Precioso blog en el que una clamosina enseña con orgullo pero con amargura imágenes y recuerdos del pasado y del presente de su pueblo.
"Despoblados en el antiguo municipio de Clamosa". Manuel P. Benito Moliner.
Conversación con un vecino de Escanilla.


Visitas realizadas en mayo de 1996 y noviembre de 2016.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Punto y aparte. Son las tres de la tarde de un fresco día otoñal cuando llego ante los muros de Clamosa. Atrás ha quedado la suave caminata de hora y media desde el pueblo recuperado de Caneto. Desde aquí una barrera impide el paso a todo tipo de vehículos.
Al haber llegado por este camino me pierdo la maravillosa panorámica que si tiene el pueblo en su ubicación si se accede por el camino de Aldea de Puy de Cinca. Otra vez será.
Causa dolor y tristeza ver el estado agonizante en que se encuentra este otrora bellisimo despoblado oscense.
Ha sido uno de los deshabitados más bonitos de toda la provincia (lo sigue siendo pero con un proceso muy acelerado de destrucción). Lo que no cambia con respecto a mi primera visita realizada veinte años atrás es la dificultad para moverse por el interior del pueblo. En aquellos años ya era difícil por no decir imposible llegar hasta las entrañas del pueblo. Ahora igual, la abundante vegetación y la multitud de escombros de los edificios caídos lo hacen inviable. Es una lastima porque tuvo que tener un trazado urbano de primera categoría, con calles en cuesta, pasadizos abovedados, rincones sugerentes y una belleza sin igual en sus edificios, con las viviendas muy juntas unas con otras. Viendo la insólita belleza que atesoran las dos casas que todavía se mantienen en pie (Plana y Latorre), uno no puede por menos que imaginarse como tendría que haber sido un paseo por el pueblo si el resto de viviendas estaban al mismo nivel. Un deleite para la vista. Deleite que solo los que vivieron en este pueblo o los que tuvieron la suerte de visitar este pueblo recién deshabitado podrán conservar en su memoria, a los demás solo nos queda hacer trabajar la imaginación.
Apenas puedo llegar hasta la plaza de la iglesia, donde una maraña de vegetación impide ver los hermosos edificos que la componían. Lo que parece ser una prensa de vino, una puerta caída, una balaustrada de piedra, y poco más, mucho escombro y mucha maleza.  A duras penas se puede llegar hasta la iglesia y acceder a su interior. Grande y hermosa a tono con el pueblo. Las vistas desde el campanario son hermosas, y desoladoras.
Voy hasta las dos casas que quedan más hacía el oeste del pueblo. Casa Latorre ha perdido parte de su fachada y un hermosisimo pasadizo abovedado bajo cubierto que llegaba hasta la misma puerta de casa. ¡Que lastima! Era uno de los rincones guapos de Clamosa. Pese a no conservar foto de ello en mi primera visita lo recordaba fresco en mi memoria como uno de los pasos cubiertos de calle más sorprendentes y bellisimos que hubiera visto nunca.
Me acerco hasta Casa Plana, radiante de hermosura y todavía en aceptables condiciones. Entrar a ella es como acceder a un museo etnografico (sin muebles ni objetos) para ver como era una casa pudiente en siglos pasados. Vistas espectaculares del embalse desde sus ventanas.
El sol esta a punto de ocultarse y va tocando finalizar la visita a este bonito lugar de Clamosa. Toca volver hasta Caneto donde tengo el coche y la mitad de la caminata de vuelta la haré de noche. Es lo que tiene que los días sean tan cortos.




Clamosa. Año 1996. Vista desde el oeste.




Llegando a Clamosa por el camino de Caneto. Casa Chía. La única vivienda que esta separada del núcleo urbano. Voluminosa vivienda en construcción oblicua. Por encima de ella y en el lado izquierdo se divisa los escasisimos restos que quedan del castillo de Clamosa. El pueblo queda situado detrás del cerro, orientado hacía el sur.




Accediendo por empinada cuesta al núcleo central de Clamosa. Fachada sur de la iglesia. A la derecha queda la abadía. A la izquierda la sacristía, bajo ella pasa la calle.




El callejón de Vicente. Precioso paso de calle bajo el arco sobre el que esta situada la sacristía. Por aquí se accedía a la plaza de la iglesia. No se puede avanzar mucho más puesto que esta tomada literalmente por la vegetación.




Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, obra barroca del siglo XVIII.




Otra imagen del templo. Torre- campanario de dos cuerpos rematada en cúpula con cuatro vanos. Después de la guerra civil solo tenía una campana.




Pórtico de acceso a la iglesia.




Interior del templo. Altar mayor en el centro, sobre él se sitúa un óculo ciego. Hornacinas laterales. Púlpito a la izquierda. El retablo mayor y dos confesionarios fueron trasladados al Museo Diocesano de Barbastro. La pila bautismal fue expoliada. Era de buena ejecución, en forma circular y esculpida con motivos decorativos. 




Interior del templo. Acceso al interior. coro sustentado por una columna. Hornacinas laterales flanqueadas por pilastras rematadas en capiteles jónicos. 




Ruina. Desolación. ¡Que imagen más bonita sería hace sesenta años! Por encima de las casas se ve el muro que formaba parte del castillo de Clamosa. Hasta aquí subían los jóvenes del pueblo los domingos por la tarde para estar en pandilla. Jugaban a las cartas, a contar chistes u otras historias. Una manera de pasar el rato. Al fondo el tozal de Palo.




Casa El Pon. La última vivienda que se cerró en Clamosa.




Casa Bergua. Sus inquilinos se trasladaron a vivir a Casa Lecina cuando se fueron los de aquella casa. Esta vivienda se quedó como salón de baile para la juventud. En el centro de la imagen se divisa la ermita de Nuestra Señora de la Esperanza.




"La postal de Clamosa" Casas Plana y Latorre.




Casa Plana. Preciosa y voluminosa construcción. Portada de acceso en arco de medio punto. Fecha inscrita en la dovela central (AÑO 1809). Profusión de vanos situados de manera irregular orientados al sur y al este. Galería de arquillos en la falsa. Tejado a dos vertientes.




Casa Latorre. Fachada este. Acceso a la vivienda en arco de medio punto. Escudo armero de los Latorre sobre ella que seguramente fue expoliado. Se accedía hasta este rincón por un precioso pasadizo abovedado que se desmoronó, al igual que parte de la fachada.




Fachada al sur de casa Latorre.




Desde la puerta de casa Plana partía la calle que pasaba bajo casa Latorre. Al desmoronarse la fachada por su lado este ha taponado el paso de la calle.




Las aguas que echaron al que se asomaba al balcón.




La escuela de Clamosa. Estaba en la planta baja, quedando la de arriba como vivienda de la maestra.




Para que se beneficiaran los de abajo, se perjudicó a los de arriba. ¿No podían haber coexistido ambos? 




Casa Lecina. Se marcharon a Barbastro. Después se vinieron a vivir aquí los de casa Bergua.



El pajar de casa Latorre como avanzadilla de los edificios del pueblo mira con rabia y amargura a las aguas traidoras del Cinca represadas en el pantano de El Grado.




Ermita románica de Nuestra Señora de la Esperanza. A unos doscientos metros del pueblo. Parece ser que fue la antigua parroquial de Clamosa.




Interior del templo. Profusión de colores llamativos en base al verde y al azul. Mesa del altar mayor caída en el suelo. Parece ser que una pequeña verja separaba el presbiterio del resto del templo. Nada queda de ella.




Interior del templo. Escalera de acceso al coro. Bancos de piedra corridos contorneando la pared. Pila de aceite en el suelo.




La ermita de San Antonio. Espadaña en el centro. A unos trescientos metros del pueblo, en el camino a Caneto.




La ermita de San Martin, situada junto al cementerio del pueblo. Se encuentra a algo más de un kilómetro del pueblo, cerca del camino a Caneto.